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9 de octubre de 2014

Desinformación e Incertidumbre, Ebola

Seguimos viendo las noticias y nos pensamos que todo vale, que es información y andamos a ciegas con todo lo que envuelve acerca de la enfermedad del Ebola, la nueva crisis sanitaria que levantado a políticos de sus poltronas por su incompetencia y ha enfrentado a la sociedad, entre los que estás a favor de cómo se hicieron las cosas y los que no.

No podemos negarnos que el error humano está presente en todo, pero todo viene dado por una gran falta de información, formación y entrenamiento a la hora de tratar este tipo de enfermedades tan graves que por primera vez pisa España.

La desinformación es continua, no sólo para los sanitarios y personal médico que son los primeros que tienen que estar al día de todo para tranquilizar a la sociedad. Vemos las noticias y sólo me alumbra incertidumbre, asombro y miedo ante una posible pandemia a grandes dimensiones.

¿Cómo es posible que a día de hoy, el personal que atendió al cura fallecido, no tuviera toda la información necesaria y obligatoria en su caso, para tratar al paciente y hacer el protocolo correctamente para no quedar infectados? ¿Por qué no se puso en cuarentena a todo el personal médico, como lo hacen en otros países, después de hacer el protocolo de seguridad Sanitaria, como marca el protocolo de Sanidad en estos casos? ¿Quién tuvo la culpa?

Debemos pensar como humanos, actuar como humanos, ser personas… esto muy grave señores y que sigan saliendo más casos, y que nos digan lo que nos quieran contar entre líneas, es muy grave.

El miedo se palpa en las calles. Es inevitable que la gente lo tenga. Si nos dieran más información menos intoxicada seguramente viviríamos conscientes y más tranquilos con la gravedad del asunto y conoceríamos de primera mano, todo lo que necesitamos, para evitar más contagios de Ebola.

29 de abril de 2014

Leyendas de la Sierra de Madrid

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@gmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo
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Leyendas de la Sierra de Madrid

El perro negro de El Escorial y las Puertas del Infierno
 
Según la leyenda, durante la construcción del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, un misterioso perro negro aterrorizaba a los obreros por las noches, obstaculizando las obras. Quizás el perro infernal protegía el lugar, pues se ha atribuido a El Escorial el ser una de las puertas del Infierno que se extienden por el mundo (otra de las cuales es la ciudad italiana de Turín); ésta fue una de las razones por las que Felipe II mandó construir el monasterio en este lugar: para mantener cerrada dicha puerta.
El perro fue encontrado y se ordenó que se le ahorcase en una de las torres del monasterio, donde permaneció mucho tiempo.
Cuando Felipe II regresó definitivamente a El Escorial para morir, desde su lecho de muerte (acompañado de multitud de reliquias de santos), siguió oyendo los ladridos de ese perro infernal, que ya había sido sacrificado hacía años.[1]
La Cima de los Pastores
 
Existe la creencia de que en los montes cercanos a San Lorenzo de El Escorial existe un tesoro oculto.
 
Esta leyenda tiene origen también en el Monasterio de El Escorial, parece ser que un tal Rafael Corraliza empleado de la pagaduría de las obras del monasterio se sintió tentado por el continuo tintineo de doblones a diestro y siniestro ante él y decidió hacerse con un botín de estos y sujetándoselos al cinto se escapó como alma que lleva el diablo camino de Portugal por la ruta que pensó menos vigilada tomando la vereda que conducía a la próxima aldea de Robledondo. Como era ya de anochecida al llegar a la zona conocida como Cima de los Pastores se hundió en ella dando con sus huesos en el fondo tragando vida y doblones, no se sabe con certeza pero parece ser y quiere creer la gente que el mismo santo intercedió en la aventura del desafortunado pagador.
Con el paso del tiempo esta sima fue tapada con ramas y piedras por temor a que el ganado o cualquier desdichado sufriese la misma suerte del tal Corraliza, aunque aún sigue ahí la sima para visita del que se precie a rememorar significante historia.
La pisada del diablo
 
Esta leyenda atribuye un origen diabólico a una oquedad que aparece sobre una roca, que asemeja una huella de talón izquierdo, situada en la finca Los Hermitaños, aproximadamente a un kilómetro de distancia de la Silla de Felipe II. Según la tradición, una muchacha llamada Martiña, muy devota de la Virgen de Gracia, se encontró con el diablo que, disfrazado de peregrino, intentó apoderarse de su alma ofreciéndole bienes terrenales si renegaba de la Virgen. Ante la negativa de la joven, el diablo saltó enfurecido sobre la piedra y provocó una gran explosión, que formó la citada huella.
Las supuestas apariciones marianas de El Escorial
 
Luz Amparo Cuevas, mujer humilde y madre de siete hijos, afirmó ser testigo de diferentes apariciones marianas, en concreto de la Virgen Dolorosa, entre 1981 y 2002. La Virgen se le aparecía sobre la corona de un fresno, situado en el paraje conocido como Prado Nuevo, en las inmediaciones de El Escorial, ante la concurrencia de numerosos fieles. El lugar continúa siendo, a día de hoy, un lugar de peregrinación, en especial el primer sábado de cada mes, al acudir fieles y curiosos en trenes y autocares procedentes de toda España. Movimientos del Sol, estigmatizaciones o curaciones milagrosas son algunos de los fenómenos que aparentemente se han producido en torno a estas supuestas apariciones, que tenían lugar mientras se percibía en el ambiente un inexplicable olor a rosas. También se han producido unas fuertes polémicas, con intervención judicial y de la jerarquía eclesiástica, entre defensores y detractores de la Fundación derivada de las dubitadas apariciones, pues es del dominio público que se han generado importantes dotaciones económicas de procedencia dudosa, aparte de donativos que incrementan el patrimonio de los organizadores.

Leyendas de La Pedriza

El Cancho de los Muertos
 
El nombre de esta leyenda proviene de una formación rocosa de La Pedriza cuya forma es muy peculiar. La leyenda cuenta que una banda de salteadores secuestró a una joven señorita de rica y apoderada familia de Madrid. El jefe de este grupo se ausentó temporalmente y los otros dos bandidos decidieron aprovecharse de la joven, pero regresó inesperadamente y les sorprendió, tras lo cual les juzgó inmediatamente y despeñó al primero por este cancho. Pero al intentar precipitar al segundo, éste sujetó la pierna del cabecilla y los dos cayeron al vacío. De esta forma, acabaron los tres despeñados a los pies del cancho rocoso. Según las gentes del lugar, durante un tiempo se pudieron ver los cadáveres de los tres bandidos en una grieta de este lugar.
La Cueva de la Mora
 
El relato de a continuación tiene su escenario también en La Pedriza y recuerda a historias que se repiten a lo largo de la geografía española debido quizás a la larga ocupación musulmana. Existe otra leyenda con este título, recogida por Gustavo Adolfo Bécquer en sus Leyendas, situado en la localidad navarra de Fitero.
La Cueva de la Mora (de difícil acceso) se halla cerca del refugio Giner de los Ríos, concretamente enfrente de su fachada principal y al este de la Peña Sirio. Parece ser que la hija de un rico árabe quedóse prendada de un joven cristiano. Ante esta situación fue secuestrada y retenida por sus familiares musulmanes en el interior de esta cueva. Pasaron los años y el caballero cristiano no regresó jamás, a pesar de la ansiada espera por parte de la joven, por lo cual, según las creencias de la gente, de cuando en cuando, el alma de la despechada joven se desliza vagando entre las formaciones rocosas y canchales tratando de buscar a su amor perdido.[2]
El Cabrero Bautista
 
El cabrero Bautista Montalvo, del pueblo de Mataelpino, relata una historia de la que es desgraciadamente parte interesada. Según las gentes, poco después de raptar la banda del Isidro al hijo único de doña Braulia del Valle, y devuelto bajo pago de elevado rescate, robaron los bandidos al pastor su magnífica escopeta de caza y algún objeto de valor que llevaba encima. Asimismo le expoliaron un excelente gabán que acababa de estrenar, con el que se guarecía de los fríos y lluvias de la sierra. Esta prenda produjo algunas disensiones en el seno de la banda, y uno de sus componentes llamado Isidro el de Torrelodones, arrebató la prenda en cuestión y mató a su jefe de un trabucazo, que cayó muerto al pie de la cerca de los huertos, cuyas ruinas existen hoy al pie de la Sierra de los Porrones.
La Banda de Paco el Sastre
 
Corría el año 1840 y dominaba en la Pedriza la banda de Paco el Sastre, cuyo verdadero nombre era Francisco de Villena. Paco el Sastre fue un bandolero que compartió fechorías con la banda de Mariano Balseiro y cómplice y amigo de Luis Candelas, del quien fue segundo lugarteniente. Fue detenido el 5 de enero de 1838 e internado en la cárcel del Saladero de Madrid. Allí coincide con su socio Balseiro fugándose ambos un año más tarde. Por aquel entonces el Marqués de Gaviria, intendente del Palacio Real, persona inmensamente rica, tenía dos hijos. Manuel y Paco que estudiaban en las escuelas pías de la calle de Hortaleza, en Madrid. Era costumbre de su padre que fueran sus hijos los fines de semana a una finca que tenían en Valdemoro. Un buen día, el 27 de abril, fue un falso criado con el coche de caballos de rigor a buscar a sendos mozuelos, invitándoles según órdenes de su padre a la finca familiar. Tras cumplir los requisitos para la salida con el padre prior, partieron engañados. De esta forma fueron secuestrados los dos hijos del intendente, por los que luego se pediría pingüe rescate. Pero ocurrió que el padre prior, salió a despedirlos como era costumbre y se dio cuenta que el carruaje no era el mismo de otras veces y que tomaba una dirección distinta a la acostumbrada. Entonces el prior empezó a darse cuenta de la falsa maniobra, y llamando al padre de los niños se esclareció lo que pasó.
Manolo y Paco fueron llevados por los bandidos a su campamento en La Pedriza, situado ni más ni menos que bajo el popular canto del Tolmo. Se pidió un rescate por los niños, y su padre ofreció una recompensa a quien descubriera a los bandidos. Se hizo una batida organizada por los habitantes de los alrededores, dándose cuenta aquellos de las intenciones, huyendo y adentrándose en La Pedriza, dejado a los niños en el campamento del Tolmo, pues se habían encariñado con ellos y no querían hacerles daño, terminando aquí la historia, que es auténtica y verídica. Pocos días después de liberados los niños secuestrados, son descubiertos casualmente ambos delincuentes en las proximidades del Rastro de Madrid y detenidos después de una espectacular persecución por las calles de la zona. El 20 de julio de 1839 fue ejecutado a las once y media de la mañana en un patíbulo levantado en La Puerta de Toledo de Madrid, media hora después que su socio Balseiro.
El verdadero amo del Guadarrama en aquellos tiempos fue Pablo Santos, que utilizó La Pedriza como enclave estratégico de refugio, lugar que debía conocer muy bien pues nació muy cerca de este paraje y siendo también el lugar en cuyas proximidades fue asesinado por uno de sus secuaces, Isidro el de Torrelodones.
Origen de La Pedriza
 
Cuenta la leyenda que hace muchos años, existía una fuerte rivalidad entre la Pedriza posterior y la anterior. Y de esta manera un buen día se declaró la guerra entre ellas, se armaron los riscos y marcharon a la batalla de las dos Pedrizas. En este primer encuentro también librado por "Los Guerreros", con el apoyo de "Las Torres", llevó la victoria a la Pedriza posterior, que erigió como signo de su victoria la Peña de la Bota. Pasó el tiempo y corrieron mucho las manecillas del reloj, y la Pedriza anterior que tenía cierta amargura por su derrota, fue a la guerra nuevamente, saliendo victoriosa de esta segunda batalla.Su signo de victoria fue colocar un bastión en el término de sus dominios, el cual fue el Yelmo de Mambrino. Y para que la paz reinara siempre en la zona, se puso una gran piedra en los límites de ambas Pedrizas, que se llamó el Canto del Tolmo, erigiéndose además un guardián de esa paz que se llamó "El Centinela", el cual situado en lo alto del Collado de la Dehesilla, vigila que se cumpla el tratado acordado por las dos Pedrizas.

Leyendas del Montón de Trigo

La silueta del Montón de Trigo hace alusión a su nombre.
 
La historia de su formación es la siguiente: Estaba un día un rico labrador aventando un montón de trigo cuando pasaron unos mendigos y le pidieron una limosna. El tacaño agricultor contestó que no tenía nada que ofrecerles. Uno de los mendigos le preguntó que cómo podía decir eso viendo el enorme montón de grano que tenían delante; a esto les respondió el labrador que aquello que veían no era trigo sino tierra. El pobre le replicó: "Permita Dios que se te vuelva tierra". Y poco después la maldición se cumplió.

 

 

Leyendas de la laguna de Peñalara

La Pastora

Cada noche de difuntos a la fría luz de la luna, emerge del centro de una laguna de Peñalara un islote y en ella la figura de una pastora. Esta pastora parece ser que trató de salvar un cordero extraviado entre las rocas confundiendo sus balidos con extraños y broncos ruidos que parecían surgir de las profundas y oscuras aguas.
Los dos amigos
 
Parece ser que dos amigos intrigados por el halo de misterio que rodea a la Laguna Grande subieron a la misma con el ánimo de cruzarla a nado de noche, a la luz de la luna. Uno de ellos la cruzó a nado sin problemas, manteniendo un libro entre los dientes. Cuando alcanzó la orilla opuesta animó a su amigo a imitarle y éste lo hizo. Mientras el segundo de los viajeros iba nadando, el primero iba leyendo el libro en voz alta. Pero, al alcanzar aquel el centro del pequeño lago, éste cerró repentinamente el libro y las aguas se tragaron en el acto al nadador, que nunca más ha reaparecido.

Leyendas de Robledo de Chavela


Este municipio nos ha legado una interesante serie de leyendas y mitos:
La Virgen de Navahonda
 
Esta historia se remonta a los tiempos en que el municipio madrileño de Robledo de Chavela pertenecía aún a Segovia. En el valle de Navahonda, donde hay situada una famosa ermita, se encontró una talla de la Virgen María, que había sido ocultada por los segovianos durante años para protegerla de la invasión musulmana. Los segovianos, al averiguar su paradero, la reclamaron a los robledanos y, cuando aquellos intentaron restituir la imagen a Segovia, las caballerías que transportaban dicha talla, a mitad de camino, se negaron a continuar por intercesión de la Virgen, tras lo cual se decidió que la imagen se quedara para siempre en aquel lugar. El camino que conduce a Navahonda desde Robledo de Chavela es una interesante ruta turística y todos los años discurre por él una vistosa romería en recuerdo de tales acontecimientos.[3]
La Dama de la Cruz Verde
 
En el Puerto de la Cruz Verde cuentan que se ha visto numerosas veces una joven autoestopista que, una vez que se recoge, en el interior del coche, al acercarse a una curva, empieza a gritar que se tenga mucho cuidado, pues ahí se mató. Dicho esto, la mujer desaparece y no se vuelve a saber de ella.
Esta leyenda es una de las variantes que se han dado en muchos lugares del mundo de la denominada Autoestopista Fantasma, Dama Blanca o Chica de la Curva.
Este misterioso personaje también ha sido visto en el Puerto de Galapagar.
En los programas de misterio de Iker Jiménez Milenio 3[4] y Cuarto Milenio,[5] se ha hablado en sobre este tema.
Los subterráneos del Vía Crucis
 
Cuenta la leyenda que, bajo Robledo de Chavela se extiende una red de misteriosos túneles excavados desde los tiempos en los que, en el lugar que ocupa la actual Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, se elevaba el castillo del Señor de Robledo de Chavela, desde cuya torre, ocho soldados permanecían vigilantes durante toda la noche, en vela (de ahí la denominación de Chavela). Dicho Señor había mandado construir una larga red de túneles con mazmorras, que llegarían hasta el actual Vía Crucis del pueblo (una hilera de cruces de granito situadas a las afueras del municipio).
Vista nocturna de la torre de la iglesia parroquial de Robledo de Chavela desde la que se escuchaba el supuesto fantasma.
El Fantasma de la Iglesia
 
Hace años (y esto es real), se produjo un extraño fenómeno en Robledo de Chavela: Por las noches, en las calles que suben a la iglesia parroquial y junto al cementerio, se oía una profunda respiración que aterrorizaba a los incautos. En realidad, dicha respiración era el ruido producido por una lechuza que había anidado en el campanario de la iglesia.
El fenómeno se vino repitiendo durante varios años hasta que dicha lechuza emigró a la cercana localidad de Las Navas del Marqués, donde el fenómeno se volvió a repetir, esta vez en las ruinas de una antigua iglesia. El hecho tuvo cierta repercusión mediática, pues hasta el doctor Félix Rodríguez de la Fuente intervino en un programa radiofónico explicando que dichos misteriosos ruidos los producía en realidad un animal.
Avistamientos de OVNIs
 
En las proximidades de las gigantescas antenas que la NASA y el INTA tienen instaladas en Robledo de Chavela, han sido numerosos los avistamientos de OVNIs que se han venido sucediendo a lo largo de los años[6] [7] (especialmente en dirección Norte-Sur, hacia la citada estación).
A principios de los años ochenta se produjeron dos significativos avistamientos en Robledo de Chavela: en el primero, cuatro luces silenciosas se pusieron a girar sobre la torre de la iglesia parroquial y que, después, alineándose, se dirigieron hacia la estación espacial; en el segundo, un OVNI triangular con una extraña estela roja posterior a modo de bengala, que siguió también la susodicha dirección. Este último artefacto había sido visto previamente sobre la Estación de Chamartín (Madrid), tras lo cual siguió en dirección Oeste, hacia Robledo (hubo una reseña al respecto en el diario El País.
En los años ochenta, un extraño ser humanoide, de gran altura, fue observado mientras salía de lo que algunos testigos denominaban una especie de "huevo", en una zona forestal situada entre Robledo de Chavela y Valdemaqueda.
En la década del 2000 se llegó a ver desde Robledo el supuesto OVNI en forma de misil que recorrió toda España y fue objeto de noticia en varios noticiarios.
También se los ha visto salir y sumergirse en los cercanos pantanos de Valmayor en San Lorenzo de El Escorial y de San Juan.
Vista del complejo de Robledo de Chavela (Madrid), y su antena de 70 metros, desde donde se siguió la misión Apolo XI.
La retransmisión de la llegada del hombre a la Luna
 
Desde la estación espacial de Robledo de Chavela se retransmitió la histórica llegada del hombre a la Luna. Una leyenda urbana de alcance mundial difundió la historia de que los astronautas del Apolo XI vieron una serie de gigantescos humanoides y de naves espaciales alrededor de cráteres al llegar al satélite. Según este mito, cuando los astronautas, sorprendidos, empezaron a retransmitir la situación, se pidió a todos los periodistas que estaban en dicha estación que salieran de la sala de control durante unos minutos. Este último hecho fue confirmado por algunos periodistas que estuvieron allí, entre ellos por José Antonio Silva, locutor por la época de Televisión Española y piloto aeronáutico.[8] [9]
Sin embargo, el por aquel entonces responsable de la NASA en España y director de la estación de seguimiento de Fresnedillas, Luis Ruiz de Gopegui, dio una versión diferente y prosaica: el astronauta John Young del Apolo 16 tuvo molestias estomacales durante la misión, y los astronautas podían tener conversaciones privadas con los médicos si así lo deseaban. Cuando habló con el médico sobre sus síntomas, pidió que la conversación fuera privada, así que en las estaciones de seguimiento se pidió a los periodistas que salieran para que no oyeran la comunicación.[10] Las presuntas pruebas de que los astronautas del programa Apolo vieron ovnis en la Luna han sido rebatidas por algunos especialistas.[11]
El Moro de La Almenara
 
En la cumbre del monte de La Almenara existen unos restos arqueológicos, datados de la invasión musulmana de España, desde los cuales los árabes encendían hogueras para avisar a Madrid de que se aproximaban tropas cristianas para atacar.
Muchos excursionistas cuentan que, algunas tardes, cercana ya la noche, se han visto resplandores en su cumbre, que sería la hoguera que encendería al anochecer un misterioso moro fantasma.
Las Mujeres Rientes
 
Por lo visto, han podido ser grabadas por la noche, en numerosas ocasiones diversas psicofonías, tanto en el pinar de Robledo como en la roca de El Lisadero, en las que unas diabólicas y claras risas de mujeres pueden escucharse.
Los suspiros de las trincheras
 
También se cuenta que, en las trincheras y búnkeres[12] de la Guerra Civil que hay en la parte superior de la ladera del Risco de los Monaguillos, muchas noches se han escuchado lamentos, suspiros y gritos de muchos de los muertos en este sitio, durante lo que fue el frente de Robledo de Chavela.[13]

Leyendas de La Mujer Muerta

La Mujer Muerta vista desde la llanura segoviana. La cabeza de la mujer es la montaña que aparece en el centro y los brazos cruzados la que aparece a la derecha.
 
Varias leyendas intentan explicar este nombre, La Mujer Muerta, topónimo que se da al conjunto de montes de La Pinareja, Peña del Oso y Pico de Pasapán, que formando un destacado cordal y visto desde la llanura segoviana toma la aparente forma de una mujer tumbada, dormida o muerta, cubierta por un velo y con los brazos entrecruzados.
 
Una leyenda con tonos pastoriles relata el amor de la bella hija de un granjero y un pastor de las cercanías. Éste al creer ver en otro pastor un posible rival, ciego de ira y celos lo mató, y acabó al mismo tiempo con el objeto de sus deseos. Pocos días después, en medio de una terrible tormenta la tierra tembló y apareció como por ensalmo esa gran mole rocosa, que recibió ese nombre.
Otra leyenda, más guerrera y menos romántica relata las luchas por la jefatura que llevaron a cabo dos hermanos, hijos del recientemente fallecido jefe de una tribu que vivía en la entonces extensa planicie. La madre de ambos, que no quería ver aquella lucha fraticida, ofreció su vida a los dioses a cambio de la paz para sus hijos y así se cumplió. Tras una gran tormenta, apareció el cuerpo de la madre en forma de gran montaña, imagen que los hijos reconocieron e inmediatamente pararon la lucha.
 
Por último, una tercera leyenda indica que, en tiempos remotos, dos caballeros se disputaron el amor de la misma mujer y comenzaron una lucha a muerte; la mujer, intentando separarlos, se interpuso entre ellos mientras luchaban y fue atravesada por las espadas de los dos pretendientes. Tras su muerte, durante la noche se desencadenó una terrible tormenta que modeló los montes cercanos con agua y viento para formar la figura de la mujer asesinada.

Leyendas de Rascafría

Ayuntamiento de Rascafría.

En el municipio de Rascafría hay varias leyendas y las más populares son:
Leyenda del Tuerto Pirón
 
Según los autóctonos de este pueblo, el Tuerto Pirón era un bandolero que se movía en los alrededores de Rascafría. Su escondite era el viejo Olmo de más de 300 años que estaba situado en la Plaza Mayor de Rascafría y que, enfermo de grafiosis, cayó tras la nevada del 14 de enero de 2000.
Fernando Delgado Sanz, apodado el Tuerto Pirón, robaba a los ricos, asaltaba iglesias y caminos y luego lo repartía entre los más necesitados, cometía sus fechorías por la noche y en el hueco que tenía el viejo Olmo se ocultaba durante el día.
La Leyenda del Carro del Diablo
 
Cuando la hija del Sacristán de Segovia vende su alma al diablo a cambio de no tener que bajar todos los días a por agua, para ello el diablo debe construir un acueducto en una noche, pero cuando está transportando la última piedra para finalizar la obra, le sorprende el amanecer y queda petrificado constituyendo la roca de granito conocida por Carro del Diablo a la que se accede desde la pista de la Mata o desde el camino de las Eras.
Leyenda de la Peña de la Mora
 
Cuenta que en la cueva existente junto a esa Peña, en la en tiempos de la reconquista, una bella mora languideció esperando a su prometido, sobre esa peña en la que cada mañana se lavaba la cara con el agua del roció. Se dice que escondido en algún lugar de esa cueva continua aún hoy, un enorme y precioso rubí, esperando a que llegue su joven enamorado.
Leyenda Puente del Perdón
 
Para relatar la procedencia del nombre de este bello puente sobre el río Lozoya enfrente del monasterio del Paular hay que contar primero otra historia; la de los "quiñoneros". En el sigo XIV el valle de Lozoya pertenecía al Concejo de Segovia, debido a la fragosidad de su vegetación y de sus pinares además de su difícil acceso era terreno idóneo para grupos subversivos de moriscos, malhechores y maleantes que hacían sus pillerías por estas tierras. Ante esta incontrolable situación los Reyes decidieron agilizar la administración de la justicia delegando parte de sus poderes, así de esta guisa en las villas que crecieron después de la reconquista nacieron unos milicianos llamados "quiñoneros".
Estos quiñoneros podían juzgar y administrar justicia en este territorio inmediatamente, e incluso la pena máxima, sin necesidad de consultar con la corte. Las ejecuciones se cumplían en una casa denominada "Casa de la Horca" a cinco kilómetros aproximadamente del Paular, entonces es cuando entra en juego el citado puente. Antes de partir para la casa de la Horca se les revisaba la sentencia a los reos a los que algunos se perdonaba pero sin que estos lo supieran todavía. Se continuaba el camino y cuando llegaban al puente, a los que se les había perdonado se les dejaba sueltos, y cruzaban el río en libertad, de esta benevolencia le viene el bello nombre al no menos hermoso puente.

Bibliografía general[editar]

  • Fernández, Amalia (2000). Pueblos con leyenda en la Comunidad de Madrid. Madrid: Comunidad de Madrid. ISBN 84-451-1835-8. 
  • Acaso, Francisco (1991). Leyendas de la Sierra de Guadarrama. Madrid: Fundación Cultural Cercedilla. 
  • Martínez Muñoz, Manuel. La Pedriza del Manzanares - Guía de Escaladas. Diputación Provincial de Madrid Servicio de Extensión Cultural y Divulgación. 
  • Muñoz, Ramón. Historia del montañismo en España. 
  • de Miera, Carmen. Leyenda de la Mujer Muerta. 

Notas[editar]

  1. Volver arriba Fernández, Amalia (2000). «El perro negro». Pueblos con leyenda en la Comunidad de Madrid. Madrid: Comunidad de Madrid. ISBN 84-451-1835-8. 
  2. Volver arriba books.google.es (ed.): «Madrid: cuentos, leyendas y anécdotas, Volume 2 Escrito por Javier Leralta.». Consultado el 19 de agosto de 2009.
  3. Volver arriba Fernández, Amalia (2000). «El sitio de Navahonda». Pueblos con leyenda en la Comunidad de Madrid. Madrid: Comunidad de Madrid. ISBN 84-451-1835-8. 
  4. Volver arriba En la emisora española de radio Cadena Ser, año 2006.
  5. Volver arriba Cuarto Milenio, programa número 30, del 22 de abril de 2007, y programa del 9 de septiembre de 2007, en la cadena española de televisión Cuatro [1].
  6. Volver arriba R. de las Nieves, «Los ovnis que visitan la sierra oeste», El Mundo, 18 de agosto de 1998.
  7. Volver arriba R. de las Nieves, «Aterrizajes de ovnis en Galapagar y Colmenarejo», El Mundo, 19 de agosto de 1998.
  8. Volver arriba Benítez, Juan José (2002). Terror en la Luna. Barcelona: Planeta-De Agostini. ISBN 84-395-8432-6. 
  9. Volver arriba Vid. también el capítulo dedicado a «Jesús Hermida» en Julio M. Barroso (2005). Famosos al descubierto. 45 perfiles inéditos de grandes personajes. Madrid: Nowtilus. ISBN 84-9763-145-5.  [2].
  10. Volver arriba http://the-geek.org/escepticos/200104/msg00126.html
  11. Volver arriba "¿Extraterrestres en la Luna?" Análisis crítico de las supuestas pruebas de ovnis lunares.
  12. Volver arriba Sobre estos fortines, al margen de su leyenda, véase también: Rafael Fraguas, «Testigos de hormigón», El País, 20 de febrero de 2007 y El País, 23 de septiembre de 2002.
  13. Volver arriba La dureza del frente de batalla de Robledo de Chavela es evocado por Carmen Martín Gaite en su novela El cuarto de atrás:
    Carmen Martín Gaite (1979). El cuarto de atrás. Barcelona: Ediciones Destino. ISBN 84-233-0960-6.

23 de abril de 2014

Mi aporte para hoy... Dia del Libro: Mi libro

Hola a todos:
 
"Hoy voy a hablar de mi Libro"... Pedazo de frase.
 
 
Y en realidad es así. Hace tiempo que escribí mi primer libro, "El Sentido de las Palabras". Es un libro muy sencillo de leer y de entender. En su interior encontrarás diferentes Relatos Cortos, todos contados de diferente forma y estilo literario. Emocionante, educativo y lleno de escenarios, inventados, que te guiarán todos a un final sorprendente.
 
Cuando decidí escribir este libro me movieron muchas cosas. Hasta dar a la luz el mismo, pase por etapas y situaciones que me llevaron a realidad esta primera entrega del libro.
 
Os dejo el enlace, más abajo, para llevaros hasta la web: BuBok, donde lo podréis descargar o pedirlo en papel.
 
 
 
 
Que lo disfrutéis Lectores...
 
Feliz Día del Libro !
 
 
 
 



Un saludo. 

15 de diciembre de 2004

Un cuento de Navidad

Hola Lectores:

Estamos en el mes de la Navidad. Si tenéis alguna historia que verse de la Navidad o algún recuerdo entrañable que os haga recordar estas fiestas de un modo especial y queréis darlo a conocer a los demás enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado. Gracias por estar ahí...

Saludos del Dardo

Lo prometido es deuda. Aquí os dejo el cuento que escribí a mi sobrino. Espero que les guste y que lo disfruten...



“Las cosas sólo dejan de existir
cuando se deja de creer en ellas”

Gonzalo Torrente Ballester


Cuento de Navidad
Wiber, Alexandre Wiber, se llamaba el niño más triste del mundo. Para Wiber la Navidad era, como para cualquier niño un día normal del año, un día cualquiera. A veces hasta prefería quedarse en el desván de su casa solo y no salir a recibir a la Navidad cantando como cualquier niño, con su familia o con sus amigos.
A Wiber le encantaba mirar y observar la luna cuando estaba triste. En la noche del 24 de diciembre, “Nochebuena”, Papa Noel se encarga de repartir todos los regalos a todos los niños y las niñas del mundo, para que ninguno esté triste. Pero Wiber nunca tuvo la ilusión de creer en él, porque su padre desde muy pequeño nunca le habló de Papa Noel; nunca supo si existía o no, y ni tan siquiera le daba la oportunidad de que él mismo lo comprobara.
La noche del 24 de diciembre, de 1989, Wiber se sentía muy triste, porque veía a los otros niños jugar con sus padres y como las demás gentes disfrutaban en familia bailando y cantando, celebrando la llegada de la Navidad. Aquella noche las calles estaban dormidas y ese año ni siquiera había nevado. Las navidades, ya no eran lo que eran antiguamente. Todas las personas la celebraban a su manera y en sus casas, a veces sin la presencia de sus seres más queridos, lo cual hacía que el espíritu navideño fuera desapareciendo de los hogares poco a poco. En cambio, Wiber, estaba solo en el desván de su casa. Y con un par de cartones y una manta vieja de lana roja se sentó y buscó con la mirada, por el hueco del tejado que estaba roto, a la luna. La veía grande y resplandeciente, y junto a ella permanecía una estrella muy brillante, la estrella polar.
“Está sola” pensó Wiber, “como yo”.
Después de observar a la luna un largo rato cayó profundamente dormido, en un sueño que parecía eterno. Mientras dormía el sonido de unos cascabeles se escuchaba en la lejanía. Wiber se despertó de repente creyendo que iba a conocer a Santa Claus, pero al mirar al frente lo único que vio fue la misma estampa que estuvo viendo antes de caer dormido profundamente. Esta vez intentó quedarse más tiempo despierto, porque tenía la esperanza de conocer a Santa Claus y así poderle pedir un deseo. Así que ahí estuvo firmemente sentado observando nuevamente a la luna.
El escenario que se le presentó frente a sus ojos, era muy distinto al que habitualmente veía todos los días. Las calles estaban cubiertas de nieve y los árboles iluminados con luces de varios colores. Todas las personas usaban abrigos y botas para el frío, y en las manos llevaban farolillos de luz roja que los usaban para iluminarse en el camino. Voces y canciones de navidad se oían de fondo, “Feliz Navidad a todos” se decían entre ellos, incluso entre gente que ni se conocía. Era maravilloso ver tanta felicidad en las calles.
Por un instante sintió la necesidad de bajar a la calle y disfrutar de aquel momento tan maravilloso, para de alguna manera inmortalizarlo para siempre en su mente y así poderlo recordar en los momentos en los que estuviese triste. La verdad, no sabía si estaba despierto o estaba dormido, el caso es que se sentía diferente y por un instante se sentía muy feliz, viendo aquel escenario de luces y gente paseando, cantando, jugando, etc.
Desde donde él estaba se podía ver toda la ciudad. Así que estuvo observando a los corrillos de gente que se formaban en mitad del camino. Pero por mucha atención que quiso poner al asunto que trataban, le resultaba imposible poder escuchar lo que se decían entre ellos. No se lo pensó más tiempo. Bajó tal y como estaba a la calle, con su manta vieja de color rojo y con las botitas de cuero rotas, que había heredado de su abuelo, un pantalón vaquero sucio y un jersey de lana negro, a escuchar lo que se decían de cerca. Al parecer debía ser algo muy importante, porque todos los habitantes del pueblo lo sabían menos él.
Lo primero que hizo nada más bajar fue una bola de nieve y se la tiró él mismo a su cabeza. Hacía mucho tiempo que no nevaba en el pueblo como aquella noche. Le parecía todo lo que veía increíble. Incluso no sentía frío, cuando tocaba la nieve. Era maravilloso todo lo que le estaba ocurriendo. Luego se acercó, como había pensado antes, a un corrillo de personas adultas y escuchó lo que hablaban, sin que estos se dieran cuenta.
-¿Habéis informado ya de la bienvenida, a todos vuestros hijos?-preguntaba uno de aquellos hombres muy serio a los demás.
-¿Qué había que preparar?-dijo otro que estaba medio sordo al parecer.
-¡Preparar no, informar!-dijo otro de los señores con tono sorpresivo, riéndose a carcajada limpia con los demás.
-¡Es a los pequeños de la casa a los que les tiene algo preparado!-dijo el señor que primero había hablado.
-Sí, claro que les he informado. Mira por ahí van mis chiquillos, ja, ja, ja-reía contento el otro hombrecillo.

Wiber, les miraba desconcertado, no sabía nada de lo preparado, y ni corto ni perezoso se coló en medio del corrillo y les preguntó a todos los hombres que estaban presentes.
-¿De qué nos tienen que informar los mayores?-dijo Wiber.
-¡Wiber, debes marchar a la plaza del pueblo lo más rápido que puedas! ¿Si quieres conocer a Santa Claus?
-¡Santa Claus no existe! Mi padre dice que son paparruchas-le dijo Wiber al señor.
Todos le miraron con asombro, al escuchar las horribles palabras con que Wiber osaba dirigirse a ellos, hablando así de Santa Claus, sin conocerle.
-Ve a la plaza del pueblo, muchacho, y estate allí antes de las doce de la noche y conocerás a Santa Claus. Os tiene preparada una gran sorpresa. ¡FELIZ NAVIDAD, Wiber!
Le respondió uno de los señores y acto seguido le dio un empujoncillo para que echara a correr, en dirección a la plaza del pueblo.

Wiber se sentía especial. Por primera vez en la vida sabía que algo grande iba a cambiar su vida y esa noche, era la noche en la que todos sus sueños podían llegar ha hacerse realidad con la ayuda de Santa Claus. Nunca se había sentido tan feliz, como llegó a sentirse esa noche. Corrió como un rayo hacía la plaza del pueblo. El reloj de la plaza, marcaba las doce menos cinco de la noche. Una masa de niños y niñas obstaculizaban la entrada a la plaza. No pudo hacer nada sólo esperar a que diesen las doce, para intentar ver entre la multitud a Santa Claus, que la verdad le iba a resultar muy difícil.
-¡Ton, ton, ton!-comenzaban a sonar las campanas de la iglesia del pueblo.
-¡Ton, ton, ton!-todos los niños miraban al cielo.
-¡Ton, ton, ton!-de repente, la estrella polar que estaba cerca de la luna, comenzó a moverse hacia ellos.
-¡Ton, ton, ton!-las campanas acabaron su cometido horario y la plaza permaneció en silencio, como a la espera de alguna señal de Santa Claus.
-¡How, how, how… rin, rin, tin, tin!-sonaban los cascabeles del trineo de Santa Claus y su risa bonachona, típica de Navidad.

De repente la estrella Polar se acercaba cada vez más y más, y a medida que se iba aproximando, descubrieron que su luz era cada vez menos intensa y que debajo de ella, aparecía la figura del rey de la Navidad. Eran Santa Claus y sus renos, tirando de un gran trineo rojo y resplandeciente con muchísimos cascabeles que le colgaban a su alrededor. Todos los niños se pusieron en pie gritándole, llamándolo, aclamándolo y saludando a Santa Claus. Pero a Wiber le resultó imposible verle. Intentó oír al menos su risa y sus cascabeles, pero fue un intento inútil.
Su amor por la Navidad había desaparecido. Y definitivamente había desistido en intentarlo por más tiempo. Pero, cuando todo pareció perdido para siempre, escuchó el resonar de un cascabel en sus oídos, como por arte de magia. Pues al no poder ver nada cerro los ojos por un instante y creó en su mente la imagen de Santa Claus, su risa, su trineo y el sonido de un cascabel, mientras se repetía varias veces para sus adentros las siguientes palabras.
-Creo en la Navidad, Creo en Santa Claus. Creo en la Navidad, Creo en Santa Claus.
Sin darse ni cuenta era, por unos instantes, el punto de atención de todos los presentes. Pues estaba ni más ni menos que junto a Santa Claus, en el centro de toda la plaza y en silencio. De repente nadie hablaba, nadie reía, nadie se movía, todos le observaban, Santa Claus estaba había llegado y permanecía junto a Wiber, y sin más dilación le dijo Santa Claus:
-Hola querido Wiber ¿Cuánto tiempo? Te estábamos esperando.
Wiber se quedó sorprendido. Y moviéndose despacio se giró para ver de dónde provenía la voz, y así comprobar si era de Santa Claus o no. Después de mirarle un buen rato en silencio, Wiber le respondió:
-Hola Santa Claus… no sé qué decir-dijo Wiber tartamudeando. Se había llevado una gran sorpresa, pues era Santa Claus en persona el que estaba a su lado.
-No digas nada, deja que tu corazón haga de este momento, un momento inolvidable-le abrazó Santa Claus, mientras Wiber le miraba a los ojos.
-Esto no me puede estar pasando a mí-continuó Wiber-. Mi padre me contó, en cierta ocasión, que Santa Claus no existe ¿Cómo estoy aquí, ahora y contigo?
Santa Claus le miró serio y la cogió la mano derecha y, mientras le hablaba al oído, le entregó su regalo de navidad. Fue algo que jamás olvidaría nunca.
-Toma y agítalo. Cuando tu corazón dude de mi presencia, cuando estés triste, para que el espíritu de la navidad no te abandone nunca, Wiber. No dejes de creer en mí y siempre estaré a tu lado.
-Pero, no es fácil convencer a quién me lo dijo, él debe saber que en realidad existes-le dijo Wiber mirando a los ojos a Santa Claus mientras unas lágrimas inocentes se le escapaban.
-A veces en la vida no hace falta dar muestra de lo que deseas para creer en ello. Tú crees en mí porque lo deseas, y sólo con desearlo de corazón puedes hacer que los demás crean en ello igual que tú. Cuida de tu padre y estate siempre a su lado, y con el tiempo lograrás que él crea también en la navidad.

Lo que le entregó Santa Claus en aquellos instantes, fue un cascabel que se le había descolgado del trineo en su aterrizaje, que antes cuando lo agitó no lograba Wiber escuchar y que ahora, después de escuchar las palabras que Santa Claus le había dicho, resonaba con fuerza y alegría en sus oídos al agitarlo.
-¡Este es el primer regalo de navidad, how, how, how!… Feliz Navidad a todos-gritó Santa Claus a la multitud.
En aquel instante, los gnomos saltaban de alegría, los niños gritaban sonrientes, los padres de todos aquellos niños salieron a celebrarlo; tirando confitura y caramelos al aire; catando y bailando en mitad de la plaza de pueblo, haciendo sonar los tambores y las trompetas de las orquestas que tocaban al ritmo de una bella canción de navidad, “Noche de Paz”. Todo el mundo estaba unido; en las calles, en los parques y en cualquier recoveco del pueblo (contando también a los animales) relucía la felicidad.
Desde aquella noche hasta hoy, Wiber nunca dejó de creer en Santa Claus. Y aún recuerda con anhelo las palabras que el viejo bonachón le dijo. Y tomándolas de consejo las divulgó a todos los niños que hoy en día aún les cuesta creer en la Navidad.
A partir de aquella noche, su vida cambió por completo. Aún sigue todos los años bajando a la plaza del pueblo, para celebrar la llegada de la Navidad en compañía de los más pequeños. Porque aunque pase el tiempo no hay edad para creer en el espíritu de Santa Claus, en el espíritu de la Navidad.

¡FELIZ NAVIDAD, A TODOS!

Autor: Alberto Zambade Santiago ©