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22 de abril de 2014

22 de Abril Día de la Tierra: Leyendas de la Tierra

Hola Lectores:

Hoy, os traigo una Leyenda muy especial, por ser hoy, 22 de abril, El día de la Tierra Internacionalmente. También conocido como The Earth Day en Estados Unidos y otros países.

La encontré en el Blog, Red Mexicana. A continuación dejo el enlace http://www.redmexicana.com/leyendas/lostemblores.asp

Esta versión de Antonio Ramírez Granados, habla sobre una antigua leyenda que se cuenta sobre los temblores de la tierra. Tiene un toque fantástico y lo narra de una perspectiva muy creativa e imaginaria que las leyendas tienen una gran semejanza a la realidad.

Gracias a Antonio Ramírez hoy, en día Internacional de la Tierra la podemos disfrutar leyendo todos.

Os dejo con ella…
Saludos del Dardo.
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Leyenda de los Temblores de la Tierra.



Por estas tierras se cuenta que, hace mucho tiempo, hubo una serpiente de colores, brillante y larga.

Era de cascabel y para avanzar arrastraba su cuerpo como una víbora cualquiera. Pero tenía algo que la hacía distinta a las demás: una cola de manantial, una cola de agua transparente.

Sssh sssh... la serpiente avanzaba. Sssh sssh... la serpiente de colores recorría la tierra. Sssh sssh... la serpiente parecía un arcoiris juguetón, cuando sonaba su cola de maraca. Sssh sssh...

Dicen los abuelos que donde quiera que pasaba dejaba algún bien, alguna alegría sobre la tierra.

Sssh sssh... ahí iba por montes y llanos, mojando todo lo que hallaba a su paso. Sssh sssh... ahí iba por montes y llanos, dándoles de beber a los plantíos, a los árboles y a las flores silvestres. Sssh sssh... ahí iba por el mundo, mojando todo, regando todo, dándole de beber a todo lo que encontraba a su paso.

Hubo un día en el que los hombres pelearon por primera vez. Y la serpiente desapareció. Entonces hubo sequía en la tierra.

Hubo otro día en el que los hombres dejaron de pelear. Y la serpiente volvió a aparecer. Se acabó la sequía, volvió a florecer todo. Del corazón de la tierra salieron frutos y del corazón de los hombres brotaron cantos.
 

Pero todavía hubo otro día en el que los hombres armaron una discusión grande, que terminó en pelea. Esa pelea duró años y años. Fue entonces cuando la serpiente desapareció para siempre.
 
Cuenta la leyenda que no desapareció, sino que se fue a vivir al fondo de la tierra y que ahí sigue.

Pero, de vez en cuando, sale y se asoma. Al mover su cuerpo sacude la tierra, abre grietas y asoma la cabeza.

Como ve que los hombres siguen en su pelea, sssh... ella se va. Sssh sssh... ella regresa al fondo de la tierra. Sssh sssh... ella hace temblar... ella desaparece.


(leyendas de México)

Escrita por: Antonio Ramírez Granados. (Escritor de México)
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Más Leyendas interesantes sobre el día de la Tierra, a continuación...

Esta leyenda que os traigo es otra de las leyendas que he descubierto hoy. Me gusta su contenido mágico. engloba las tres fases perfectamente que una leyenda debe de tener. Se narra muy bien, te mantiene atento y en general, se entiende todo el argumento con facilidad.

Bueno queridos lectores, os dejo que la disfrutéis...

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Leyenda de La Tierra, El sol y La Luna

Cuentan nuestros ancestros mazatecos de Oaxaca que la Tierra es plana como una mesa y se encuentra sostenida por cuatro “posteles” (postes), clavados en el agua. Más allá del agua se encuentra el Mar Sagrado. Cuando se produce un temblor, se debe a que el agua se mueve; cuando tiembla en la noche, es señal de que va a llover, pero si tiemble en el día es porque va a haber mucho calor.
Debajo de la Tierra moran unos hombres chiquitos y negros porque cuando pasa el Sol los requema, ya que siempre están desnudos; su pelo es chino y muy negro. Estos seres reciben el nombre de gran. Los gran son muy ricos, pues cuando pasa el Sol derrama oro en su recorrido. A la Tierra la encierra el Cielo, que es como un globo o como una bola de cristal. La Tierra cuenta con dos aberturas por las que entran y salen el Sol y la Luna. Por un lado de la Tierra sale el Sol, ahí se encuentra todo lo bueno; y por el otro, su opuesto, se oculta, ahí se encuentra todo lo malo. En este lado vive Chad-Nai, el Espíritu Malo, El Maligno. No se sabe qué existe a los lados de la Tierra. El Sol sale por occidente (sic), allí nacen las horas y los días; cuando el Sol se oculta llega la noche y todas las personas deben permanecer en sus casas, sobre todo los niños, pues es cuando los espíritus aberrantes están sueltos y producen daños.
Las Estrellas están regadas por el Cielo, son lucecitas, velas encendidas de los difuntos que han muerto hace muchos años; o florecitas que adornan el altar del Padre Eterno, el Sol, llamado Nai Tsuit, Padre Luz Resplandeciente. Él vigila y juzga los delitos y pecados que se cometen en la Tierra, y en tal vigilancia le ayuda la Luna. La luna se llama Nai’tza, es un dios, es el Padre Segundo, y es mucho menos resplandeciente que el Sol. En la Luna se puede ver a un conejo que huyó de la Tierra. El Sol y la Luna son hermanos, el primero es el hermano mayor; ellos robaron la luz a una vieja bruja que la escondía bajo una piedra dentro de agua. Cuando robaron la luz, el Sol y la Luna huyeron al Cielo para que nunca volviera a caer en malas manos.
El Arco Iris se llama Yaa, es una bella serpiente. Yaa sabe cuándo va a llover y cuándo la lluvia no quiere parar. Es como un tubo por donde entra el agua de la lluvia y luego cae en el mar. Los antiguos cuentan que Yaa fue una hermosa muchacha que salió a pasear al campo y se perdió. Los colores del Arco Iris son las franjas coloridas de su huipil.
También se dice que la Tierra está sostenida por un hombro de la Virgen Isabel. Cuando se cansa de sostenerla, se la pasa al otro hombro, razón por la cual se producen los temblores. Encima de la Tierra se encuentran las estrellas. Son como el Sol pero pequeñitas, y están subordinadas a él, trabajan para él. Entre las estrellas sobresale el Lucero de la Mañana, que era una niña huérfana que vivía con una tía que la maltrataba mucho. Cansada del maltrato, un día huyó y se subió al Cielo, en donde devino el Lucero de la Mañana. 

(leyenda de México)
Perteneciente al archivo de Mitos y leyendas de Mexico.

Firma: Alberto Zambade
Todos los derechos reservados al autor Copyright 2014.

14 de febrero de 2007

La leyenda de los Volcanes de México

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La leyenda de los Volcanes de México

Foto de Rigoberto Martínez (Mçexico)
Las huestes del Imperio azteca regresaban de la guerra.
Pero no sonaban ni los teponaxtles ni las caracolas, ni el huéhuetl hacía rebotar sus percusiones en las calles y en los templos. Tampoco las chirimías esparcían su aflautado tono en el vasto valle del Anáhuac y sobre el verdiazul espejeante de los cinco lagos (Chalco, Xochimilco, Texcoco, Ecatepec y Tzompanco) se reflejaba un menguado ejército en derrota. El caballero águila, el caballero tigre y el que se decía capitán coyote traían sus rodelas rotas y los penachos destrozados y las ropas tremolando al viento en jirones ensangrentados.
Allá en los cúes y en las fortalezas de paso estaban apagados los braseros y vacíos de tlecáxitl que era el sahumerio ceremonial, los enormes pebeteros de barro con la horrible figura de Texcatlipoca el dios cojo de la guerra. Los estandares recogidos y el consejo de los Yopica que eran los viejos y sabios maestros del arte de la estrategia, aguardaban ansiosos la llegada de los guerreros para oír de sus propios labios la explicación de su vergonzosa derrota.
Hacía largo tiempo que un grande y bien armando contingente de guerreros aztecas había salido en son de conquista a las tierras del Sur, allá en donde moraban los Ulmecas, los Xicalanca, los Zapotecas y los Vixtotis a quienes era preciso ungir al ya enorme señorío del Anáhuac. Dos ciclos lunares habían transcurrido y se pensaba ya en un asentamiento de conquista, sin embargo ahora regresaban los guerreros abatidos y llenos de vergüenza.
Durante dos lunas habían luchado con denuedo, sin dar ni pedir tregua alguna, pero a pesar de su valiente lucha y sus conocimientos de guerra aprendidos en el Calmecac, que era así llamada la Academia de la Guerra, volvían diezmados, con las mazas rotas, las macanas desdentadas, maltrechos los escudos aunque ensangrentados con la sangre de sus enemigos.
Venía al frente de esta hueste triste y desencantada, un guerrero azteca que a pesar de las desgarraduras de sus ropas y del revuelto penacho de plumas multicolores, conservaba su gallardía, su altivez y el orgullo de su estirpe.
Ocultaban los hombres sus rostros embijados y las mujeres lloraban y corrían a esconder a sus hijos para que no fueran testigos de aque retorno deshonroso.
Pulsa el enlace para seguir leyendo: La leyenda de los volcanes
(Leyenda Mexicana)
Alberto Zambade
Todos los derechos reservados Copyright © 2007

15 de junio de 2006

Leyenda de las tormentas mexicanas

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La casa del trueno

Cuentan los viejos y las viejas leyendas de México que, entre Totomoxtle y Coatzintlali, existía una caverna en cuyo interior los antiguos sacerdotes habían levantado un templo dedicado al Dios del Trueno, de la lluvia y de las aguas de los ríos. Eran tiempos lejanos en los que aún no llegaban los hispanos ni las portentosas razas, conocidas hoy como Totonacas, que poblaron el lugar que después llamaron Totonacan.
Siete sacerdotes se reunían cada tiempo, en que era menester cultivar la tierra y sembrar las semillas y cosechar los frutos; siete veces invocaban a las deidades de esos tiempos y gritaban y entonaban cánticos a los cuatro vientos y hacia los cuatro puntos cardinales, porque según las cuentas esotéricas de esos sacerdotes, cuatro por siete eran 28 y de veintiocho días se compone el ciclo lunar.
Esos viejos sacerdotes hacían sonar el gran tambor del trueno y arrastraban las pieles disecadas de los animales que habían dado caza anteriormente, por todo el interior de la caverna y luego lanzaban flechas encendidas al cielo. Poco después atronaba el espacio furioso de truenos, centellas y relámpagos que cegaban a los animales de la selva y a las especies acuáticas que moraban en los ríos.
Llovía a torrentes y la tempestad hacía temblar las cuevas durante muchos días y muchas noches. Había veces en que los ríos Huitizilac y el de las mariposas, Papaloapan, se desbordaban cubriendo de agua y de limo las riberas, causando inmensos desastres. Y cuanto más arrastraban las pieles de los animales disecados por su caverna, mayor era el ruido que producían los rayos al chocar contra la superficie de la tierra. Pues, cuanto más golpeaba el gran tambor ceremonial que habitaba en las nubes, mayor era el ruido de los truenos y relámpagos. Aquello tenía un significado mayor cuanto mayor era el número de flechas incendiarias que caían del cielo.
Pasaron los siglos...
Y un buen día arribaron al lugar, varios grupos de personas ataviadas de un modo singular, trayendo consigo otras costumbres, otras culturas, otras leyes y otras religiones.
Se decía, que los venidos de otras tierras que allende el gran mar de turquesas (Golfo de México) tanto para los hombres, como para las mujeres y niños, tenían la característica de estar siempre sonriendo como si fueran los seres más felices de la tierra. Tal vez esa alegría se debía a que después de haber sufrido mil penurias, en las aguas borrascosas de un mar en convulsión, habían por fin llegado a las costas tropicales, donde había de todo, así frutos como animales de caza, agua y un clima hermoso.
Se asentaron en ese lugar al que dieron por nombre, en su lengua Totonacan y ellos mismos se nombraron totonacas.
Pero, los viejos sacerdotes, los siete sacerdotes de la caverna del trueno, no estuvieron conformes con aquella invasión de los extranjeros, que traían consigo una gran cultura y se fueron a la cueva a producir truenos, relámpagos, rayos, lluvias torrenciales y aguaceros imparables, con el fin de amedrentarlos.
Llovió mucho durante varios días y varias noches, hasta que alguien se dio cuenta de que esas tempestades eran provocadas por los siete hechiceros, los siete sacerdotes de la caverna de los truenos.
No siendo amigos de la violencia, los totonacas los embarcaron en un pequeño bajel y, dotándoles de provisiones y agua, los lanzaron al mar de las turquesas en donde se perdieron para siempre.
Pero, ahora era preciso dominar a esos dioses del trueno, de las lluvias… para evitar el desastre del pueblo totonaca recién asentado, para ello, se reunieron los sabios y los sacerdotes y las gentes principales y decidieron:
“Que nada podría hacerse contra esas fuerzas que hoy llamamos sencillamente naturales y que sería mejor rendirles culto y pleitesía. Pues, adorar a esos dioses y rogarles, sería lo mejor para un pueblo, que acababa de escapar de un monstruoso desastre.” Fueron las palabras que dijo un humilde Totonaca, al resto que escuchaba atentamente.
Y en ese mismo lugar en donde se ejercía el culto al Dios del trueno, los totonacas y sus hombres sonrientes, levantaron el asombroso templo del Tajín. Sin duda, una gran obra maestra realizada por la mano del hombre. En su propia lengua, Tajín, quiere decir lugar de las tempestades. Y no sólo se rindió culto al Dios del Trueno, sino que se le imploró durante 365 días, como número de nichos tiene en su interior en la actualidad, que sirven para invocar el buen tiempo, en cierta época del año, y la lluvia, cuando es menester fertilizar las sementeras.
Lleva miles de años levantado ese maravilloso y misterioso templo conocido en todo el mundo como pirámide o templo de El Tajín, en cuyo interior curiosamente parecen generarse las tempestades, los truenos y las lluvias torrenciales que ocurren en la zona de México.
Así nació la pirámide de El Tajín y su leyenda y así fue levantada con veneración y respeto al Dios del Trueno. Y es adorado por todas aquellas gentes que vivieron mucho antes de que llegasen los extranjeros a poblar sus tierras, quizás cuando el mundo comenzaba su camino y su existencia.

(Leyenda Totonaca - México)
Foto del templo de El Tajín: