27 de septiembre de 2007

La leyenda de Oisin

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo
-----------------------------------------------
Hoy os traigo una leyenda muy especial, que espero que os guste... Y digo que la leyenda es muy especial, porque me llegó directamente de la mano de una de mis lectoras, de Virginia Izquierdo, es una gran compañera que vive enamorada de las buenas leyendas.

Por favor, disfrútenla tanto como la disfruté yo en su momento...
-----------------------------------------------
Hola Alberto:
Te envió la leyenda irlandesa de Oisin. Es muy especial para mí, pues así se llama el hijo de mi pareja.

Espero que te guste.

La Leyenda de Oisin
Un día, vigilando la costa cercana a Kerry, el héroe irlandés Fionn y sus soldados, los Fianna, vieron salir del mar a una bellísima mujer de cabellos dorados. Aquella hermosa mujer se detuvo frente a Fionn y le contó que estaba enamorada de un hombre de Irlanda, que quería casarse con él y tenía necesidad de llevárselo a Tír na nÓg, la tierra de la eterna juventud...
Por un breve instante, Fionn y la extraña mujer se miraron a los ojos y volviéndose despacio hechó una mirada tierna seguida de una sonrisa a Oisín, el hijo de Fionn. Oisín se montó entonces en el corcel blanco de la bella Niamh y partieron ambos a Tír na nÓg. El viaje fue largo. Cabalgaron durante días sin demora. Cuando llegaron a la tierra de la eterna juventud fueron recibidos con una calurosa bienvenida de manos del mismísimo Manannán mac Lir, el dueño y señor de aquellas tierras mágicas, y padre de Niamh. Pero cuando parecía que toda esta historia daba la impresión de acabar felizmente, todo dio una vuelta de tuerca en sus vidas...

Oisín, con el paso del tiempo, añoraba muchísimo a Irlanda, a su padre y a sus compañeros; le pidió a su esposa un único favor después de tantos años al cuidado de su amor. Le dijo que necesitaba que le prestara el corcel blanco con el que llegó hasta la tierra de la eterna juventud, para así poder volver a visitar su tierra natal y reencontrarse con sus seres queridos después de tanta ausencia. Ella le rogó encarecidamente que no se marchase, pero al final accedió con una condición diciéndole: "Cariño, podrás volver a ver a tus seres queridos pero deberás hacerlo siempre que permanezcas constantemente montado encima de tu caballo y no toques el suelo, sólo así podrás visitar cuantas veces quieras la tierra donde naciste para luego volver junto a mí." Y así Oisín se marchó de vuelta a su patria a través del Océano.

Al llegar a Irlanda Oisín notó que todo había cambiado, que todos los lugares donde solía estar su padre algunos habían desaparecido y otros estaban deshabitados por completo, el tiempo había seguido su curso inquebrantable, su mordaz paso había hecho desaparecer sus recuerdos más íntimos. Pues su tierra y su infancia estaban ahora deshabitadas; y el breve tiempo que estuvo allí no logró ver a ninguno de los Fianna por ninguna parte. Únicamente a hombres normales y corrientes. "¿Qué habrá sucedido?" Se preguntaba. Entonces se acercó lentamente a uno de los hombres del lugar y les formuló la misma inquietud que se preguntaba él, y ellos le respodieron: "¿Los Fianna? ¿Fionn mac Cumhail? Nunca hubo nadie llamado así, antiguamente se solían contar historias acerca de los Fianna, una raza de gigantes que se comían a la gente, pero ya nadie las cuenta, ni nadie sabe de ellos. Nadie los a visto nunca".

Oisín se dio cuenta de que habían pasado más de 300 años desde su partida, mientras que él había pensado que habían sido únicamente 3 años de su vida. Les contó, pues, a los hombres la verdadera historia de los Fianna. Les habló de cómo vivían, de sus artes en la caza, de su gran fuerza y tras ello pensó en regresar de nuevo a Tír na nÓg. Pero antes de partir un hombre le dijo que probase la historia de los Fianna y su tremenda fuerza, levantando una gran roca con una sola mano. Oisín, sin pensarlo, lo hizo, pero mientras levantaba la roca, se desprendió la silla de montar su corcel cayendo al suelo estrepitosamente. En aquel momento los 300 años que habían pasado cayeron sobre él convirtiéndole en un anciano débil que yacía tumbado sin remedio, dando muestra de que la historia de los Fianna era tan cierta como el paso del tiempo.

(Leyendas Irlandesas)

Autora: Virginia Izquierdo
-------------------------------------------------------
Alberto Zambade
Todos los Derechos Reservados Copyright 2007

21 de septiembre de 2007

21 de Sept. Día Internacional del Alzheimer. Relato Corto.

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo
--------------------------------------------------------
Estimados lectores / as:

Hoy, dia 21 de septiembre, he querido unirme al día internacional del Alzheimer para no olvidar a quienes ya no pueden recordarnos. Y lo hago de un modo especial, con el fin de valorar a todoas aquellas personas que trabajan porque cada día se les haga más llevadero el tiempo a todos los que padecen de Alzheimer, ofreciéndoos un breve relato que esxplica con claridad la dureza de esta terrible enfermedad. Según el informe presentado por la Fundación del Alzheimer en España en el año 2005 dice que el número de enfermos de Alzheimer en España se duplicará en 20 años, hasta llegar a 1,2 millones. Impresionante ¿Verdad? Si podemos recordarles, hacer que su vida sea más cómoda y renoverles la memoria con fotos, con videos, con cintas de música, estaremos contribuyendo a hacer que no se sientan perdidos y solos en un mundo que últimamente camina demasiado deprisa...

Sin otro particular, os dejo a continuación con el relato...
---------------------------------------------------------
Una boda improvisada

-María ¿Aceptas como esposo a Fabián?-preguntó el cura improvisado a la enamorada pareja.
-¡Cállese! Quiero irme a casa-contestó María- ¿Hijo dónde estas?
-Madre, estoy en su lado derecho, mirándola a la cara. Sí, soy yo, tu hijo-le dijo su hijo José.
Y volviéndose María hacia el lugar de dónde procedía la voz se quedó paralizada, inmóvil, intentando averiguar cuál era el rostro de su hijo.
Cuando estaba frente a él, le preguntó su hijo:
-Soy yo Madre, estoy aquí. ¿Me quieres?-la preguntó José emocionado, mientras el cura improvisado permanecía ausente y atento a la conversación.
-Sí hijo mío, te quiero mucho… mucho…-dijo María.
-Tienes muy cerca de ti, también, a tu viejito ¿Le quieres?
María se giró lentamente y ahí estaba. El amor de su vida que no logró identificar antes y que ahora permanecía frente a ella. Una sonrisa, una caricia sutil, una mirada inocente y el calor suave de unas manos fuertes que la acariciaban el rostro, la trajo el dulce recuerdo de un noviazgo que parecía haberse perdido con el paso del tiempo.
-Sí, le quiero con locura-dijo María
-Yo también te quiero, mi princesa-contestó Fabián.
-Entonces, yo os declaro marido y mujer-dijo el cura improvisado-. Pueden besarse.
Con lágrimas en los ojos, emocionada como si aquella vez fuera la primera vez que se casaban, se acercó a Fabián, lo miró vergonzosamente y, acariciándole el rostro de forma suave, le susurró un escueto:

“Te quiero Fabián”
“Yo también te quiero María”

Fabián sabía que más tarde a María se le olvidaría todo. Para él cada boda era diferente, igual que para ella, y ese era el motivo por el que le empujaba a celebrar su boda todos los años por la misma fecha. Para él esa boda, era su boda número 42. Para ella, era el día de su boda, el día más feliz de su vida. Por eso el cura era improvisado, sino le hubiese salido celebrar su boda cada año por un ojo de la cara; el cura era el mejor amigo de José.

Hoy, precisamente, día 21 de septiembre, se celebra el día Internacional del Alzheimer. Muchas son las personas que lo sufren en la actualidad, algunos en silencio que resulta todavía más triste. Fabián pensaba que para combatir el Alzheimer debía estar codo a codo con ella todos los días del año y hacerla recordar los momentos más felices de su vida. Y yo pienso igual. Las víctimas que padecen esta enfermedad no deben estar solas nunca.
Sólo con pensar que, en aquel instante, María se sentía la persona más feliz del mundo, te anima y te ayuda a seguir luchando junto a estas personas todos los días, para lograr derrotar al Alzheimer algún día… algún día…

Alberto Zambade
Todos los derechos reservados Copyright 2007
-------------------------------------------------------------------
Enlaces de Interés:

17 de septiembre de 2007

Algún día. Relato del escritor Javier Guerrero.

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo
-------------------------------------------------------
El relato que os presento a continuación está contado de la mano del escritor Javier Guerrero. Me ha brindado la oportunidad de poder darle luz desde mi rincón para que sigamos disfrutando de sus maravillosas vivencias, que de alguna forman explican su existencia al paso por este mundo. Es un escritor de Madrid con un potencial que salta a la vista sólo con leer un par de frases iniciales en sus breves relatos. Espero que disfruten tanto o más, como lo hice yo cuando lo leí en su momento. Por una sencilla razón, porque las palabras viven con lo que vive. Gracias Javier por darme la oportunidad de ofrecer a través de mi blog un trozo de tu gran obra y una pequeña parte de tu vida. Tienes madera de escritor.
Léanlo y luego comentamos...
-------------------------------------------------------
Algún Día
Autor: Javier Guerrero
Profesión: Escritor.


Hacía calor y el zumbido de las moscas estaba en cualquiera de los tenderetes como uno más de aquellos condicionantes insalubres, y se veía alguna rata asomando indecisa la cabeza por alguna alcantarilla, y las vacas comían plácidas e indiferentes toda clase de basuras, y había muchos puestos de mangos y plátanos que eran el manjar de los insectos y la subsistencia de algunos niños escuálidos que danzaban con una felicidad triste y contagiosa que provenía de la multitud, o quizás de los colores, o de las lluvias, y a mi me inspiraba lástima y pesimismo para las generaciones venideras. Y mucha impotencia. Y por la noche contemplé la estampa gris en mitad de los colores, que era la estampa de las prostitutas. Era la ciudad más grande del este de La India, con sus once millones de almas y sus miles maneras de nacer, de vivir, de morir, y en definitiva, de ser partícipe en un lugar donde Dios, o la naturaleza renegaron de la generosidad. Yo casi no podía creer que también era ciudad para emigrantes. Se emigra de La India a Holanda, o a Inglaterra, o de Marruecos a Francia, o de Ecuador a España. Pero... ¿Dónde había un infierno? ¿En qué lugar había tanto miedo a los amaneceres de miseria? Me lo contó un niño. Me dijo que se llamaba Kahn. Hablaba de las catástrofes naturales y de los desastres inventados por los hombres, de la hambruna, de las guerras, de los choques violentos entre los grupos étnicos sufridos en otros lugares de un país donde las distancias son continentales. A nosotros nos echaron de la aldea, nos destrozaron toda la mercadería y los utensilios del campo. Y un día llegamos a Calcuta, y la ciudad no tenía capacidad para ese aluvión de emigración interior, y somos demasiada gente para que se garanticen unas condiciones mínimas de subsistencia y nos convertimos en cómplices y protagonistas de la vida en las aceras llenas de chabolas, y aquí no hay oportunidades, y así mi madre y mi hermana terminaron de prostitutas.
¿Prostitutas? Sí, también las traen de Bangladesh y Nepal. Hay mucho dinero de por medio. Una niña guapa y virgen puede suponer 6000 euros, que son más de 300000 rupias. Otras no valen más que 7000 rupias. Luego hay que trabajar y lo consiguen los sucios proxenetas encerrando, torturando, violando. Mi madre no se negó, pero mi hermana sufrió las embestidas de los hombres crueles. Le rompieron las muñecas y aún mantiene intacta una cicatriz debajo de uno de sus ojos del color de la piel de los mangos. Marcas del barrio rojo. Muchas mujeres ya han probado el infierno, miles de mujeres. No hay una estimación concreta, pero por aquí se habla de más de 20000, con muchas niñas de menos de catorce años, criaturas muy bonitas con rostro de princesas y mucha inocencia en la mirada. Se habla de que las niñas no tienen sida y aquí los seropositivos están a la orden del día. Yo había leído algo en el hotel Manor. The New York Times dejaba caer una noticia con todos los tintes de la desgracia. Se prevé que en el año 2010 La India será el país con más seropositivos del mundo: entre 20 y 25 millones de indios estarán infectados.
Su hermana se llamaba Tana. Cuando llegó a Calcuta tenía quince años y un rostro con el brillo del que asume nuevas aventuras y siente algún brote de optimismo en el espíritu, pero la esperanza inicial se truncó vilmente, porque a las aldeas no nos llega información y no tenemos ni remota idea de lo que sucede en el resto del país. Un hombre envuelto en harapos la debió agarrar entre el tumulto, y a rastras se la llevó al barrio rojo de Sonagachi. Y empezó a trabajar, allá donde los matices del rostro de las prostitutas adquieren unas dimensiones de tristeza y amargura difíciles de encontrar en cualquier otro rincón del planeta. Allá, en una esquina del infierno. Allá, donde las mujeres y las niñas reciben las embestidas de las impudicia entre lágrimas, mirando al techo, y convierten en ficción los suspiros del dolor. Allá, entre basura, decadencia y vicio. Un día se escapó del burdel. Apareció la cabo de una semana en Nueva Delhi. Yo creó que fue allí a enamorarse. Y así ocurrió. Se enamoró de un tipo nepalí que había trabajado en Jaipur y llevaba una año trabajando de jardinero en una acomodada zona residencial de Delhi. El hombre le contó que sus intenciones eran ir en breve a Calcuta y reanudar los negocios de mercadería que tuvo hace años con un primo suyo, que ahora requería su ayuda porque tenía una enfermedad que le ocasionaba constantes diarreas y dolores de cabeza. Una vez allí, su destino la arrastró de nuevo hacia Sonagachi. Su amor de porcelana se había roto en tres pedazos, en uno estaba asentada en la traición, en otro la falta de escrúpulos y en el tercero la más cruel de las mentiras. Del tipo, que estaba casado y tenía tres hijos, nada se volvió a saber desde que ejercitó el envío al barrio rojo. Ella escribió un poema. Se llamaba Sueño de amor convertido en sueño negro y debía ser triste como las almas corrompidas de los proxenetas esquivando las fogatas de un infierno inventado para ellos.
Cuando Tana me dio a leer el poema, no tuve valor ni para enfrentarme al primer verso. La miré con una lástima que debió ser dolorosa para ella y acaricié su pelo con toda la complicidad y la impotencia que requería el momento. A su lado estaba Azmina, muy envejecida para sus sesenta años de edad, con su aroma a rosas y a curry, y sus collares de rupias, y su rostro anclado en una indiferencia que era como una tristeza eterna. Había llegado al barrio rojo cuando era una niña, y sus padres, que no tenían ni para pan, la vendieron a una mujer que se aprovechó del hambre, la incultura y la indigencia. Primero les prometió un trabajo decente para Azmina. Horas más tarde llegaron los castigos físicos hasta que no tuvo más remedio que acceder a acostarse con el primer cliente y vender su virginidad, de la cual se hacía propiedad un viejo crápula desdentado y maloliente que a menudo aparece en las pesadillas de Azmina. A sus padres jamás les volvió a ver y a menudo siente un frío helador en el alma cuando piensa en la complicidad que ellos tuvieron con la dueña del burdel. Me dijo que ya apenas le quedaban clientes. Estoy vieja, muy gastada, y soy una puta con muchas horas de trabajo, ahora vivo de la mísera caridad de las otras putas, que me dan algo de dinero a cambio de que les cuide a sus hijos, me confesó estática, con la mirada clavada en el suelo, tal vez sin miedo, quizás pensando que apenas cabía más dolor en su vida. Estaba tan arraigada al sufrimiento, o quizás tan asentada en su desgracia que rehusó venir conmigo.
Tana y Kahn me lo iban contando por el camino. Hay problemas para los niños del barrio rojo. Viven entre las tinieblas del desarraigo familiar, que los deja cómplices de la soledad, vagando solos por las calles. Ni siquiera saben si realmente quieren a sus madres, que se deben a los favores sexuales de sus clientes y los dejan abandonados, y por ahí van, vagando sin sentido por Sonagachi. Me los llevé a la Fundación de una amiga, Urmi Basu, una millonaria bengalí que miró de frente a la miseria, y fue buscando a sus protagonistas. Aquello era un lugar seguro. Había médicos jóvenes con la imagen muy descuidada, muy volcados en su trabajo, y un poco inseguros, como es relativo a la condición de principiantes. La trabajadora social se llamaba Sandra, y su divorcio la trasladó a Calcuta. Kahn no dejaba de mirarla, con esa timidez y atracción, que los hindúes tienen frente a las mujeres europeas. Era rubia, de ojos azul marino, y tenía un aire como de espíritu de carne y hueso, muy volátil, muy sigilosa, y con el rostro rosáceo de los angelitos, o quizás de las infantas del siglo XVII. Luego llegó Urmi, con su bondad escondida tras la severidad de su rostro, y creo que me habló sin creer rigurosamente lo que decía: algún día desaparecerá el tráfico de niñas de las aldeas a las ciudades. Algún día, pensé yo, algún día estaremos muertos y no sabremos acerca de los nuevos acontecimientos. Algún día, remarqué, es la frase más gastada de la humanidad.
Me despedí de los niños antes de tomar mi vuelo a Madrid, vía Ámsterdam. Tomé precauciones en la garganta, pero no pude asegurarme la voz, que salía quebrada. Les dije que volvería, pero seguramente sería un adiós definitivo. Dije: suerte muchachos, nos volveremos a ver. Al salir, me sorprendió encontrarme a Azmina, que seguía llorando sin lágrimas y buscaba la imagen de Urmi.
Alberto Zambade
Todos los derechos reservados Copyright 2007

12 de septiembre de 2007

La leyenda del pescador Urashima

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo
------------------------------------------------------
Hoy os traigo una leyenda japonesa precisa y ejemplar que aún hoy se sigue conservando entre la gente, impregnada en lo más profundo de la Cultura Japonesa, tratada y transmitida como un legado histórico muy importante dentro de Japón.
Os dejo a continuación con ella, para vuestro disfrute... Háganla, pues, suya...
Espero que les guste...
------------------------------------------------------
La leyenda del pescador Urashima y su visita al fondo del mar

Urashima vivió, hace cientos y cientos de años, en una de las islas situadas al oeste del archipiélago japonés. Era el único hijo de un matrimonio de pescadores. Una red y una barquichuela constituían toda su fortuna. Sin embargo, el matrimonio veía compensada su pobreza con la bondad de su hijo Urashima. Y sucedió que cierto día el muchacho caminaba por una de las calles de la aldea, cuando de pronto vio a unos cuantos chiquillos que maltrataban a una enorme tortuga. De seguir de aquel modo mucho tiempo hubieran acabado por matarla y Urashima decidió impedirlo. Se dirigió a los chicos, y, reprendiéndoles por su mala acción, les quitó la tortuga. Cuando la tuvo en sus manos pensó dejarla en libertad y para ello fue hacía la playa. Una vez allí la llevó a la orilla y la dejó en el mar. Vio como la tortuga se alejaba poco a poco y cuando la perdió de vista Urashima regresó a su casa orgulloso de haberla salvado. Sentía una gran satisfacción por haber librado al animal de sus pequeños verdugos. Transcurrió algún tiempo desde aquel día.

Una mañana, el muchacho se fue a pescar. Tomó el camino que conducía a la playa y cuando llegó puso la barca en el agua, se montó en ella y remó mar adentro. Llevaba largo rato remando y por momentos perdió de vista la orilla; decidió echar al agua su red y cuando tiró para sacarla hacia fuera notó que le pesaba más que de costumbre. Cuando logró levantarla, con gran sorpresa, vio que dentro de la red estaba la tortuga que él mismo echó al mar, la cual, dirigiéndose a él, le dijo que el rey de los mares, que había visto su buen corazón, la enviaba para conducirle a su palacio y casarle con su hija, la princesa Otohime. A Urashima le entusiasmaban las aventuras y accedió muy gustoso, aunque la incertidumbre no dejaba de merodearle en su cabeza. Juntos, la tortuga y Urashima, se fueron mar adentro hasta que llegaron a Riugú, la ciudad del reino del mar. Era maravillosa. Sus casas eran de esmeralda y los tejidos de oro; el suelo estaba cubierto de perlas y grandes árboles de coral que daban sombra a los jardines; sus hojas eran de nácar y sus frutos de las más bellas pedrerías.

Hacia los asombrados ojos de Urashima, avanzaba una hermosísima doncella: era Otohime, la hija del rey del mar. Le recibió como a un esposo y juntos vivieron varios días en una completa felicidad. Todos colmaban al pescador de todo género de atenciones, y entre tanta delicia, Urashima no sintió que el tiempo pasaba. No podía precisar desde cuándo estaba allí. ¿Para qué iba a querer saberlo? No debía importarle. La vida en aquel maravilloso lugar le parecía inmejorable; nunca pudo soñar nada semejante. Y cuando más feliz estaba, sucedió que un día se acordó de sus padres. ¿Qué sería de ellos? Sin duda sufrirían mucho sin saber lo que había sido de él. Y desde aquel momento la tristeza se apoderó de todo su ser. Nada lograba distraerle; ya no encontraba aquel lugar tan encantador y hasta le pareció menos bello. Sólo deseaba una cosa: volver junto a sus queridos padres. Y así se lo comunicó una mañana a su esposa, cuando ésta procuraba por todos los medios averiguar la causa de su pena. Al decirle Urashima lo que quería, Otohime se entristeció; procuró convencerle de que se quedara junto a ella, pero nada cambió su decisión, ni siquiera el amor que ambos habían cultivado juntos todo ese largo tiempo. El pescador estaba firme en su propósito. Así, pues, Otohime prometió devolverle a la aldea y con un lucido cortejo le acompañó hasta la playa. Cuando al fin llegaron, la princesa entregó a Urashima una pequeña caja de laca, atada con un cordón de seda. Le recomendó que, si quería volver a verla, nunca la abriese. Después se despidió de él y con su acompañamiento se internó en el mar.

Pronto Urashima la perdió de vista. Con la cajita en sus manos, miraba fijamente a las aguas. Así estuvo algún tiempo y después recorrió la playa con la esperanza de ver de nuevo a su padres. De nuevo estaba en su pueblecito. Las mismas arenas, las rocas de siempre, el mismo sitio donde de pequeño tantas veces había ido a jugar. Le parecía que su vida en la cuidad del mar había sido un sueño. “¡Qué lejos todo aquello!” pensó. Entonces encaminó sus pasos hacia su casa, pero cuando entró en la aldea no supo por dónde tirar. La encontraba completamente cambiada, no la reconocía. Las casas eran más grandes que antaño, con tejados de pizarra que sustituían a los de paja, todo era diferente. La gente se vestía con vistosos quimonos bordados. Parecía otro lugar. Y, sin embargo, era su pueblo, estaba convencido de ello. La misma playa, las mismas montañas, sólo las casas y la gente habían cambiado. Entonces decidió preguntar a unos muchachos dónde se encontraba la casa del pescador Urashima, puesto que éste era también el nombre de su padre. Los muchachos no supieron responderle, no conocían a tal pescador. Entró en un comercio e hizo la misma pregunta al dueño, pero éste le dijo lo mismo que los chicos, “nunca habían oído hablar de tal pescador”. Entonces pensó que quizás tampoco era cierto el hecho de que su padre de siempre le transmitió que un anciano legendario del pueblo era el que creía conocer a todos los habitantes de la pequeña aldea. En esto quizás sí acertó su padre, porque al pasar por allí un hombre que debía de tener muchos años, a juzgar por su apariencia, dijo con voz tenue que él sabía mil historietas antiguas del pueblo y conocía las vidas de sus antiguos habitantes. Urashima se dirigió a él, por indicación del dueño de la tienda y le preguntó dónde estaba la casa del pescador Urashima. El viejo no contestó, se quedó un momento pensativo, y al cabo de un rato reaccionó diciendo.

-Casi lo había olvidado, hijo. Han pasado más de cien años desde que murió el matrimonio. Su único hijo cuenta la leyenda que un día salió a pescar y que a partir de entonces nadie volvió a saber lo que le sucedió al pequeño.

Urashima empezó a comprender. Mientras vivió en la ciudad del mar había perdido la noción del tiempo. Lo que le habían parecido sólo unos cuantos días en realidad habían sido más de cien años. No supo qué hacer. Se encontraba completamente solo en un pueblo que, aunque era el suyo, le era total y en absoluto extraño. Entonces se dirigió a la playa de nuevo, añoraba, ahora, y comprendía, entonces, el poco amor que le quedó por descubrir y prometió volver al encuentro con la princesa Otohime.
Pero pensó “¿Cómo puedo llegar hasta ella?”

En su precipitación por ver a sus padres olvidó cuándo se despidieron. También preguntarle de qué medio se valdría para volver a verla. Y de pronto recordó la cajita que tenía entre sus manos. Se olvidó de que no debía abrirla y pensó que haciéndolo quizá pudiera ir junto a Otohime. Desató sus cordones y la destapó, abriéndola por completo. Al instante salió de ella una nubecilla que se fué elevando, elevando, hasta perderse de vista. En vano Urashima intentó alcanzarla. Entonces recordó la recomendación de la princesa, su atolondramiento le había dejado en blanco. Ya no volvería a verla. Sintió, pues, que sus fuerzas le abandonaban, que sus cabellos encanecían, que su rostro se marcaba de innumerables arrugas, haciendo de su piel una suave tela; su corazón cesó poco a poco hasta que dejó de latir, hasta que al fin cayó al suelo precipitadamente, con la mirada perdida en el firmamento. Cuando a la mañana siguiente fueron los muchachos a bañarse, vieron tendido en la arena a un hombre decrépito, sin vida. Era Urashima que había muerto de viejo.

Todavía hoy algunos pescadores de ciertos pueblos del Japón cuentan a sus hijos esta historia, para que no se distraigan en sus tareas diarias. Ingeniosa, mágica, triste y ejemplarizante.
De nuevo las leyendas del Japón nos hacen ver la vida de un modo distinto, con más sentido y lógica.

Alberto Zambade
Todos los derechos reservados © 2007

7 de septiembre de 2007

Premiado y premiando...



Hace unos días recibí el premio "THINKING BLOGGER AWARD" de manos de Corazón Coraza (http://porquetetengoyno.blogspot.com/), me sorprendió muchísimo, lo cual es un honor y un placer que acojo con agrado y aprecio hacia esta gran blogger.
Precioso ¿verdad?
También se ha dado la casualidad que otra querida Blogger (Mallen (http://mallenchu.blogspot.com/), periodista de profesión) ha reconocido mi labor dándome el premio "Blog Solidario", un galardón sin desperdicio.
Por ello, ahora quiero que ustedes, reciban y expongan en su blog a continuación los dos premios que me han otorgado, puesto que también se lo han merecido por su constancia y dedicación a estos signos que llamamos letras, por cultivarlos, cuidarlos, mostrarlos y enseñarlos cada día, a los cuales vemos y leemos con gusto en su justa medida.
Por favor, pueden recoger sus premios, da igual el orden, todos son valorados con la misma categoría, y cuélguenlos con Honor en su blog.
Si me rijo por el guión me tocaría valorar a cinco, y como las leyes están para saltárselas, prefiero valorar a todos y todas.
Sencillamente, porque se lo han ganado a pulso:
------------------------------------------------------------------------
* Ricardo Muñóz José, Escritor(http://rmj-linde5.blogspot.com/)
* Cánticos desde el Infierno (http://canticos.blogspot.com/)
* Bitácoras de Bogotá (http://bitacorasdebogota.blogspot.com/)

* Reencuentro y algunas pinceladas, periodista (http://svargasb.blogspot.com/)
* El pequeño Izán (El Ruuben) (http://www.blogger.com/profile/10258694580783955853)
* Tierra de Ur, escritor (http://www.tierradeur.blogspot.com/)
* Antona, fotógrafo profesional (http://www.blogger.com/profile/01722253863356506179)
* Mayte G. Periodista (http://deliberadores.blogspot.com/)
Premiaría a Mallen y Corazón Coraza... ellas saben que lo están conmigo.

¡Un abrazo a todos y todas!

3 de septiembre de 2007

La leyenda del Martillo de Thor

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo

Hoy os contaré una Leyenda que proviene de las tierras escandinavas. La Leyenda del martillo de Thor.
Disfrútenla...
--------------------------------------------------------
La leyenda del Martillo de Thor

Un día al despertar, Thor se percató de la falta de su esplendoroso martillo, consternado, acudió a Loki, y éste le respondió que quizás fue raptado por algún gigante, de esta manera fue volando con el traje mágico de Freya, a la tierra de los gigantes, donde en efecto se encontraba su martillo, que fue tomado por Thrym, el rey de los gigantes. Y no estaba dispuesto a entregarlo, a menos que le dieran a Freya para desposarla. Loki, astuto y suspicaz como siempre ideó un plan, este consistía en disfrazar a Thor con la ropa y el collar de Freya, además de cubrirse la cara con un velo. Una vez en la tierra de los gigantes, Thrym ofreció un banquete en honor a su boda, y al sellar el matrimonio con el martillo, Thor se desprendió de su disfraz y lo tomó, Thrym suplico piedad, pero ya era muy tarde, el salón se inundó de truenos y relámpago, y con su martillo dio muerte a Thrym y a todos los gigantes.

(Leyenda escandinava)
Fuente: Leyendas mitológicas

Alberto Zambade
Todos los derechos reservados Copyright 2007

1 de septiembre de 2007

Meditando en silencio..

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo
Meditando en silencio..
Un hombre medita cuando algo le preocupa de verdad, pero también cuando las cosas que le ocurren son francamente sensacionales. Intenta buscar un por qué a todos aquellos acontecimientos que han endulzado su vida todos estos años atrás y se da cuenta de que todo forma parte de un par de palabras, “escribir felizmente”. La escritura es una larga introspección, es un viaje hacia las cavernas más oscuras de la conciencia, una lenta meditación. Yo escribo a tientas en el silencio y por el camino descubro partículas de verdad, pequeños cristales que caben en la palma de una mano y justifican mi paso por este mundo. Aquella escritura, en mis comienzos no era tan buena, fue mejorando con el tiempo, igual que la fruta cuando madura. Mis últimos escritos son más expresivos, cambiantes, son como el repicar de las campanas; sus vibraciones son capaces de hacer escapar a acentos hondos y graves y livianos y agudos y sombríos. Nunca las campanas dicen lo mismo. Y nunca lo que dicen lo dicen de la misma manera. En mis textos he notado algo parecido. De esto y de otras cosas medito a diario, quizás me sienta absurdo transmitiéndooslo a vosotros ahora, pero necesitaba hacerlo. Pues si algo he conseguido realizar con dedicación en todo este tiempo es que mi constancia hacia las letras creciera a pasos agigantados. Gran parte os lo debo a todos y todas que me leéis a diario. Vuestra atención reconoce mi dedicación y esto es lo que más me reconforta. Las palabras sin duda son el hilo conductor que nos hace eternos.

Alberto Zambade
Todos los derechos reservados Copyright 2007

27 de agosto de 2007

Gracias a todos y todas, ya estamos de vuelta...

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo
---------------------------------------------------------------------------
Gracias a todos y todas, ya estamos de vuelta...

Los Taoistas dicen que una persona no muere hasta que no muere la última que lo recuerda. Somos toda fantasía de la inteligencia, aunque dicha inteligencia, como dicen los taoístas, está compuesta no solo por la conciencia de nosotros mismos, sino también por la conciencia que los demás tienen de nosotros. Por ello, por todo ello, somos un sólo conjunto. Pero no sólo el hilo que nos une a las personas significa el lazo que forma nuestra eternidad sino que además las Palabras y su legado son el último hálito de nuestra vida. Es aquél precisamente el que nos crea, nos une y nos vuelve a renacer cada vez que una persona nos lee y nos recuerda.
Gracias a todos y todas por seguir ahí, tan cerca...

---------------------------------------------------
Agradecimiento a:


Helena: Mil gracias por tus bellas palabras, es todo un reconocimiento. Ah! Y disfruta de tus vacaciones, te mereces un descanso amigo.
Besos!!
Jenipher: Ya regresé!! Qué dulce fue sentirte tantas veces de seguido pasar por mi blog, gracias por tu apoyo y constancia.
Besos!!
Mayte G.: Espero verte pronto, éste también es tu rincón. La misma sensación me encubrió al descubrir tu blog.
mar: Cierto es que volviste antes, me alegró muchísimo encontrar todos tus lindos comentarios.
Besos!!
Hope: Sé que me sigues y eso es lo más gratificante que me pueden regalar. El libro te lo daré yo personalmente. A los amigos, no se les cobra.
Besotes!!
Darilea: Te agradezco las visitas que me das y las letras que me regalas, gracias por seguirme atentamente..
Besos!!
GORE: De nuevo me cautivaste con tus letras. Gracias por los elogios y el apoyo que me aportas. Te digo como a Hope.
Un abrazo..
Diario: Gente en Madrid: Estimada Concha:
Es para mi un honor contar con su preciada opinión, puesto que, cierto es, me ayuda a seguir adelante cada día. Un fuerte abrazo igualmente y hablamos en septiembre.
Gracias por su apoyo.
Iker Jiménez: IKER!! Perdón, por la expresión...Me ha impresionado verle por pasear por mi blog y le agradezco pues su atención y su apoyo. También a su equipo de profesionales... Ha sido una visita muy gratificante gracias por su tiempo
Yo periodista, el país: David!! Qué gran persona y compañero de batallas. Es una sorpresa contar con tu opinión y por ello te doy las gracias amigo...
Un fuerte abrazo y hablamos a la vuelta OK??
El Ruuuben: El Pequeño Izán siempre tan atento, hace tiempo que no me pasaba, pero tienes razón algo está cambiando en mi vida chico..
Gracias por seguir ahí.
Un fuerte abrazo compañero!!
EL HIPPIE VIEJO: Siempre es grata su presencia... Gracias por su frase.. Qué grande es Borges.
Un abrazo!!
Celeste: Qué bonito poema. Me encantó. Acorde con el texto. Es la clara visión de el Sentido y la Importancia de las Palabras.
Gracias por regalármelo a tiempo..
Besos!!
Noe: De nuevo te encuentro y que mejor que dejar constancia de tu comentario completo para darle a las palabras el valor que se merecen:
“Pese a que dicen que una imagen vale mas que mil palabras, ellas son muy importantes.”
Gracias por esta bella frase Noe.
Besos!!
Trini: A ti que te encantan las palabras imagínate si perdiéramos la “erre.”
Nuestra cara, nuestra nariz, nuestro cuerpo, serían diferentes porque serían caa, naiz y cuepo. Y todo nuestro alrededor (mejor dicho alededo) sería distinto. Las personas no seríamos personas sino pesonas.
Gracias por tus palabras, gracias por tu luz.
Besos!!
Corazón Coraza: Que bueno verte de nuevo y sentirte tan cerca, Gracias por tu felicitaciones y por el apoyo...
Besos Mil!!
Noa-: Gracias por felicitarme a tiempo, a sido un placer...
Besos!!
wílliam venegas segura : Gracias por reconocer mi labor, ahora me toca a mi.
Un abrazo amigo!!
Ana R : Qué decir de tus palabras, siempre tan sabias y tan sinceras..
Un placer enorme...Mil Besos!!
MaleNa - La Porteña : Me encantó leerte de nuevo en mi blog. Es gratificante contar con la opinión del alma de Argentina.
Besos!!
Virginia : No sólo lo que podemos nombrar, sino también recordar, que incluso es más importante amiga. Gracias por tu visita..
Besos!
Visnja Roje : Estaría bien tomarnos un café, quizás la distancia, quizás... Ay!! El Charco que separa a tantas almas...
Un fuerte abrazo amiga y besos!!
SDVB : Qué dulce sorpresa compañera, qué dulce... ya te eché de menos..
Un abrazo y Mil Besos!!
Cariñoz a Santiago de Chile.
Valkiria : Me cautivas en cada comentario, le gané tiempo al tiempo como me dijiste, pero como ves hasta hoy no se ha logrado detenerlo a placer de cada cual. Disfrutaste de las tuyas si no es así, nos leemos a la vuelta amiga.
Gracias por tu apoyo.
Mil Besos y disfruta!!
BalaNegra : Un placer contar con la opinión de un experto, sinceramente, me encanto descubrirte.
Un abrazo amigo!
Deikakushu : Con tu cita Románica enriqueciste aún más es texto gracias por el apoyo que me aportas, me ayudas muchísimo amigo.
Un fuerte abrazo!!
Azul : Si hubo alguien que me cautivó cuando comencé a escribir es Azul. Confieso que aún me sigue cautivando.
Un abrazo y Mil Besos!!

*----------------------------------------------*
Y también a todos y todas los que me seguís en silencio, a los que pasáis de refilón por mi rincón, a los que os recreáis y me leéis desde la más profunda oscuridad, también les quiero dedicar este post tan sincero. Sinceramente Gracias...

1 de agosto de 2007

El Sentido de las Palabras. 1º relato de mi primer libro, en primicia para mis lectores.

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo
---------------------------------------------------------------
Hace bastante tiempo que me rondaba la idea de escribir una anécdota curiosa que me ocurrió cuando era muy joven. La cual, curiosa la cosa o no, fue la partícipe de mis primeros comienzos como escritor novel, novelísimo, del primer libro que ando intentando terminar y que llevará por titulo “El Sentido de las Palabras”. Algunos y algunas ya conocéis algo más de mi pasado, bien por el breve meme que os escribí hace unos días en mi blog, bien porque os he contado en algún que otro comentario alguna anécdota curiosa. Algunas y algunos ya saben a qué anécdota me refiero (Risas).
La cuestión de mi anécdota, que es la que dará comienzo a mi breve recopilación de relatos, es la siguiente:
----------------------------------------------------------------
El Sentido de las Palabras.

De pequeño tuve problemas con las palabras. Sí, grandes problemas. Ahora que tengo gafas no me pasan. Pero antes era horrible y las llegué a coger mucha manía, a las palabras claro. Con lo cual un buen día me levanté con la idea de que jamás volvería a leer un libro. Y no lo iba a hacer porque sencillamente se me cruzaban las palabras al intentar leer de seguido una frase completa. Pensé que las palabras jugaban conmigo y se reían de mí. Por aquel entonces tuve un profesor que daba unas clases de lenguaje estupendas. Él fue el que me dijo, “Alberto. Tienes que aprender a leer despacio así podrás rescatar a las palabras que se esconden en el texto.” Y así lo hice. Al principio me iba muy bien. Y cuando había que leer un libro en clase, el primero en apuntarse a la lista de lectura voluntaria era yo. Pero siempre me dejaban para el final. Los compañeros de clase me decían que era tan lento leyendo que las palabras se aburrían de esperar a que las encontrase y las nombrase por su nombre y al final acababan por marcharse. Así que volví a estar como al principio o peor. Fue entonces cuando definitivamente después de haberlo intentado con la ayuda de mi profesor de lenguaje, dejé por completo la lectura y me convertí en un cazapalabras.

Mi padre, nada más enterarse de mi nefasta decisión, se disgustó bastante conmigo y fue duro en sus consejos.

-Tienes que seguir estudiando y leyendo, Alberto. O nunca conseguirás nada en esta vida.

Yo simplemente me dediqué a asumir con la mirada puesta en el suelo las duras réplicas de mi padre me recitaba una u otra vez. Hoy en día tan beneficiosas, algo que le agradezco de siempre.

Pero estaba decidido y aunque supiera que lo que estaba haciendo no estaba nada bien, seguí mi tozudo camino. Me dejaron de interesar por completo los volúmenes oscuros de la enciclopedia de mi padre que tenía colocada en la estantería del mueble de madera del salón, y entonces él aseguró que el día menos pensado, si persistía en no leer por más tiempo, los libros saldrían volando de casa, como pájaros, y nos quedaríamos todos sin palabras.

Aquello me asustó muchísimo. Algunas noches, al meterme en la cama, intentaba imaginar un mundo sin palabras, tenía enormes pesadillas; suponía que habíamos comenzado a perderlas por orden alfabético, y que de la A sólo nos quedaban de Asesino en adelante, así que no teníamos ni Aíre ni Abejas ni Abogados ni Abreviaturas ni Aceros ni Aceites ni Ancianos. Perder los aceites a mi madre le supuso dejar de cocinar y de preparar desayunos andaluces e incluso olvidarse de aliñar las ensaladas. A mi me daba lo mismo, porque nunca comía ensalada; lo malo es que también habíamos perdido a nuestro abuelo, por el echo de que la palabra Anciano y Abuelo ya no existían en el abecedario. Aquello se me estaba yendo de las manos, perderle supondría un duro golpe para toda la familia. Lo peor es que también habíamos perdido el Alumbrado, las Algas y los Alpes, además de Argentina y América. Una catástrofe sin precedentes que lo había ocasionado mi tozuda decisión, al negarme leer más libros el resto de mi vida, cuyo máximo responsable era yo.

Si me dormía con estas imágenes, despertaba al poco huyendo de la pesadilla de haberme quedado mudo, que en el sueño constituía la forma más perturbadora de estar ciego. Así que empecé a vigilar a la enciclopedia y el resto de los libros de la casa como si fueran enemigos. Y ellos, desde su opacidad, me acechaban también con algo de rencor, culpándome por anticipado de aquel desastre ecológico comparable al de la desaparición de todas las variedades zoológicas. De manera que, cuando me hablaban de catástrofes o de especies en extinción, ya no pensaba en los lagartos, en los osos panda, ni en los búfalos, sino en palabras. Escogía una cualquiera, escalón, por ejemplo, y comenzaba a darle vueltas a la posibilidad de que desapareciera. Repasaba mentalmente los lugares a los que no podría subir, ni de los que podría bajar el resto de mi vida, y comenzaba a sudar y a ponerme pálido de miedo.

Mi madre, después de preguntarme unas cuantas veces que me ocurría sin que yo consiguiera inventarme nada para darle una contestación lógica, acabó llevándome al médico que me examinó de arriba abajo sin encontrar justificación a aquellos repentinos estados de malestar.
El médico después de inspeccionarme me recetó unas vitaminas, ignorando que esa palabra, vitamina, tenía los días contados y que era más difícil de encontrar que Waly.

Volvimos a casa en autobús, sentados el uno frente al otro. Mamá no dejaba de observarme con desconfianza, como si supiera que ocultaba un secreto que me hacía daño. Entonces imaginé que desaparecía la palabra madre y comencé a transpirar mientras me demudaba sin remedio. Ella se alarmó un poco y sugirió que bajáramos del autobús para regresar a casa andando, para ver si con el aire mi gesto cambiaba, pero no era posible bajar de ningún sitio porque habíamos pedido la palabra “escalón” y todas las de su familia, de manera que el autobús se había quedado sin escalón de bajada. En otro momento habríamos saltado directamente, sin pensar, pero comprobé que también “saltar” y toda su familia se había extinguido; tendríamos que pasar el resto de nuestras vidas dentro de aquel sucio y apretado vehículo, rodeados de personas que no conocíamos y de sus miradas indecisas, que no formulaban nada en claro más que preguntas sin respuestas. La visita al médico no había sino empeorado más las cosas. Mi padre, entre tanto, seguía utilizando la enciclopedia como transporte para viajar a lugares que nosotros no podíamos imaginar. A veces volvía de aquellos curiosos viajes con barba de tres días y algo cansado, como si hubiera permanecido de verdad en algún país extranjero. Y en vez de regalos, como los demás padres que viajaban a lugares extraños, nos traía términos. Un día regresó de la enciclopedia a la hora de comer y entre plato y plato nos enseñó mimetismo para demostrar que entre los animales, como entre los hombres, también había individuos a los que les gustaba aparentar lo que no eran. A mí me tranquilizaba el hecho de que fuera y viniera de la enciclopedia con aquella frecuencia, porque pensaba que era una forma de que las cosas se mantuvieran en su sitio y de que hubiera vitaminas y madres y escaleras y abogados y abuelos. Y alumbrado, porque sin alumbrado estábamos perdidos. Pero no entendía bien por qué, siendo la enciclopedia un modelo de organización, la realidad no se ajustaba siempre al orden alfabético. El uno, por poneros un ejemplo, iba antes del dos aunque la U era una de las últimas letras del abecedario. Además, Desayunábamos antes de Comer y Comíamos antes de Cenar, cuando en una progresión alfabética se debería comenzar el día con la Cena para continuar con la Comida y acabar la jornada con un buen Desayuno.

Al final decidí, una noche de aquel verano de luna llena, mientras estaba sentado en mi terraza al fresco, que sería espantoso apartar de nuestra vida todos estos signos que nos describen, que dan sentido a nuestra vida y que nos entretienen en nuestros ratos libres. Me di cuenta de la tragedia que había ocasionado en mi imaginación y que podría llegar a ocurrir si todos hiciéramos los mismo con las palabras. Así que, sin que me viera mi padre, o al menos eso creí de pequeño, me levanté de donde estaba y me acerqué muy despacio hasta la estantería de madera del salón donde mi padre guardaba la enciclopedia de 21 volúmenes; cogí uno de aquellos volúmenes y me lancé de lleno a descubrir aquel maravilloso mundo repleto de letras, que llevaba y traía a mi padre de aquellas tierras enigmáticas que nos relataba y presumía de descubrir cada cierto tiempo, en donde encontré a mi abuelo de nuevo y lo rescaté. No sólo a él a todas las palabras que habían desaparecido en mi imaginación. Si algo tengo que confesar es que después de descubrir aquel mundo de signos sentí una maravillosa sensación de libertad, no sólo porque había salvado a todas aquellas palabras que habían desaparecido del mundo de las letras, sino porque el mundo de las letras que había creado en mi imaginación logré liberarlo del sinsentido que lo envolvía para volverlo a instalar en la realidad lógica literal de las cosas que vemos y aprendimos cuando éramos unos niños. Las palabras las volví a ver reunidas como siempre, dando sentido a las cosas que nos envuelven. Y me sentí bien, además, porque mi “Yo” personal desde entonces había crecido.

Y es que esta falta de acuerdo permanente entre el mundo enciclopédico y la existencia real constituyó una de las preocupaciones más fuertes de mi infancia. Tanto que desde entonces no he dejado de leer para seguir descubriendo “El Sentido de las Palabras”.
Alberto Zambade
Todos los derechos reservados de Copyright 2007
-----------------------------------------------------------------------
Felices vacaciones, amigos y amigas, y nos vemos a la vuelta

30 de julio de 2007

Leyenda Medieval

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo

Leyenda Medieval

El deseo comienza en la mente. Es el deseo lo que nos mantiene con vida”.

Alberto Z.
----------------------------------------------------------
Cuenta una antigua leyenda medieval que en la amistad de dos niños, de la época del siglo XII, cada uno con vidas diferentes y situaciones distintas, surgió una gran reflexión sobre la Fé y el amor a una madre. ¿Quieren saber cómo sucedió? Entonces, escuchen con atención.
----------------------------------------------------------
-Padre-le susurró su hijo José-¿cómo era mi madre?

“¿Qué quieres oír? ¿Qué perdió la virginidad tras ser violada por un noble? ¿Qué es la mujer pública del Rey y sus soldados?” pesó el padre antes de contestar.

-Tu madre fue muy desgraciada.-contestó el padre.
-Pero ¿me quería?-preguntó José.
-No pudo hacerlo. Murió después de darte a luz.
-Yo sé que me quiere, esté donde esté-contestó José.
-Yo también te quiero.
-Pero vos no sois mi madre. Padre te he dicho que he conocido un amigo que tiene una madre a la que no ha visto nunca, que no sabe como es su rostro, pero que habla con ella sentado en una caja de madera a través de una ventana oscura, mientras ella le acaricia el pelo. Tampoco tiene apellidos porque sus padres no quieren que los utilice. Así que sólo sabe su nombre, Adrián y es muy simpático. Está todo el día riéndose porque dice que es el deseo de su madre, verle siempre feliz. Es afortunado ¿Sabes por qué? Porque al fin y al cabo tiene madre y yo no.
-No todos los niños la tienen…-le corrigió el padre.

En la mente del padre resonaba con sonsonete una frase ¡La madre de todos los cristianos…! Las mismas palabras que le dijo su padre cuando era sólo un niño.

-¿Decíais algo, padre?
-Sí…sí que tienes madre. Por supuesto que la tienes, hijo. Pues todos los niños que se quedan sin madre tienen a la Virgen María.
-Y ¿dónde está esa María?
-La Virgen María-le corrigió el padre-está en el cielo.

José se quedó mudo por unos instantes antes de seguir preguntando a su padre.

-Y ¿para qué quiero una madre que está en el cielo, sino me podrá dar mimos, ni podré jugar con ella, ni me besará…?
-Sí que lo hará.-El padre se quedó pensativo recordando las palabras que su padre le había dado cuando él le hacía de chico esas mismas preguntas-. Envía a los pájaros para que te acaricien. Cuando veas a un pájaro, mándale un mensaje a tu madre y verás como vuela hacia el cielo para entregarle el mensaje a la Virgen María; después se lo irán transmitiendo unos a otros y alguno de ellos vendrá a piar y a revolotear alegremente a tu alrededor.
-Pero, yo no entiendo a los pájaros, padre.
-Aprenderás a hacerlo.
-Pero ¿Ya jamás podré verla, no?
-Sí, sí que podrás verla hijo mío. La encontrarás en algunas iglesias y hasta puedes hablarla. Ella te hablará a través de los pájaros o por las noches mientras duermes, y te querrá y te amará siempre.
-¿Y está noche?-preguntó el niño-. Hoy no he hablado con ella.
-No te preocupes, yo lo he hecho por ti. Duérmete y lo verás.

Al día siguiente José fue al encuentro de Adrián, después de tomar el desayuno, para decirle que lo que su padre le había contado la noche anterior. Cuando se lo dijo comenzaron a buscar una iglesia cercana, pues José quería conocer de inmediato a su nueva madre, la Virgen María, llevaba toda su juventud sin hablar con ella. Corrieron por las calles del pueblo hasta dar con la Iglesia de los Remedios. No tenía el nombre de su madre, pero seguro que en su interior albergaba la figura de la Virgen María.

-José. Ven es por…-empezó a decir Adrián, pero calló de repente. Aquello era impresionante.
Delante de ellos se alzaba una iglesia grandiosa, fuerte, seria y resistente al tiempo. José corrió, al ver al párroco de la iglesia salir por la puerta de entrada, para preguntarle por su Virgen.

-Dónde está la Virgen María, padre.
-Allí dentro, hijo-le contesto el párroco, mientras le revoloteaba el pelo con una sonrisa-.En el centro de la misma. En un sitio digno de una Virgen como María.

¡Allí dentro! José se había olvidado del resto de palabras que componían la frase. Allí estaba su madre. De repente, un rumor los obligó a todos a levantar la vista hacia el cielo: una bandada de pájaros había emprendido el vuelo desde lo más alto de los andamios.
--------------------------------------------------------------
Reflexión personal.

Existen muchas formas de creer en algo y de podernos comunicar con nuestros seres más queridos que desgraciadamente ya no están con nosotros. Y una de ellas es ésta que cuenta esta antigua leyenda, que ha sido llevada tanto a la gran pantalla como citada en tantos libros que versan de la época medieval. José desde entonces no dejó de hablar con su madre, no sólo en presencia de la Virgen María yendo a la iglesia todos los días y la tardes que podía, sino también en la forma que su padre le había enseñado: hablando con los pájaros y en sueños. Comprendió así que el deseo es lo que nos mueve y lo que nos hace estar más cerca de lo que queremos. No hace falta asistir a ningún centro religioso para sentirnos en armonía consigo mismo y para comunicarnos con nuestros seres más queridos, los cuales nos faltan. La Fe mueve montañas. Sí. Pero el deseo es lo que nos mantiene con vida. Pues en silencio, a oscuras, sentado en un parque, parado en la cima de un monte, a pie de playa, contemplando un amanecer, paseando de noche bajo el resplandor de la luna y el rocío, observando el horizonte desde tu ventana, tumbado en la cama de tu habitación o sentado en tu escritorio siempre vas a poder comunicarte con los que amas sin necesidad de ir a una iglesia para hacerlo. Tu deseo y tu voluntad estarán, siempre, por encima de la Fe...

Alberto Zambade
Todos los derechos reservados Copyright 2007

25 de julio de 2007

El Galeón.

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo

Os dejo uno mis pequeños relatos, para ir abriendo boca, que está incluido en la recopilación que tengo prevista publicar en mi primer libro, "El Sentido de las Palabras".
Vayan sentándose y disfruten de uno de mis recuerdos...

Espero sus comentarios.

El Galeón


A orillas del Mediterráneo, en la terraza de un bar de playa, estábamos sentados mi abuela y yo. El mar acababa de picarse por el mal temporal y había dejado la arena cubierta de algas rojas muy amargas, pero las aguas ya se calmaron y en la mente de mi abuela sobrevolaban recuerdos de un buque explorador fondeando en un punto del horizonte, en busca de un Galeón bucanero que fue abatido y enviado al abismo desde tiempos muy remotos.

-Alberto-me dice mi abuela-, mira al mar y dime, ¿qué ves?

-No veo más que una niebla densa que me moja la cara.

Mi abuela me miró y seguidamente miró al mar. En aquel instante descubrí lo inesperado.

-Sí-dije sorprendido- veo un barco de madera, pirata, que navega refugiado entre la niebla. Abuela, ¿es un barco fantasma?

-Mira-me dijo-aquel Galeón bucanero alberga en su interior una cámara entre las cuadernas de la nave donde guardan los cofres, vajillas, arcabuces y una sirena color de rosa esculpida en el bauprés. Pues, en un camarote está aún la carabela del capitán coronada de lapas.

En aquel instante comencé a soñar con los ojos abiertos.

Con el tiempo todos mis juguetes se han roto, excepto los cuentos y las historias que me contaron en la niñez y que de una forma u otra me llevan siempre a “La isla del Tesoro”. Aún existen más de 4000 barcos que permanecen en el fondo del mar-trirremes, goletas, carabelas, galeones- que naufragaron a lo largo de la historia. Cada abismo contiene a sus propios héroes sumergidos, como nuestra imaginación alberga los deseos más remotos. Aquellos barcos son la razón sumergida y esta razón es la que extrae las imágenes simbólicas que elabora el cerebro en la oscuridad de los sueños y las convierte en sensaciones a pleno sol.

Mi abuela me contó aquel cuento de corsarios y en mi imaginación me sumergí en la figura soñada de un barco fantasma gobernado por unos piratas berberiscos que llegaron a esta playa para raptar a cuantas mujeres hermosas encontraban. Mi abuela afloraba del fondo de su memoria las historias que de pequeña la contaron, juguetes que le habían regalado en la infancia y que nunca se le rompieron. Ahora los sacó a la superficie y se los regaló a mi imaginación y estos relatos se grabaron en mi cerebro hasta alcanzar el límite de los sueños.
Cuando murió mi abuela su cuerpo descendió al abismo como una nave derrotada. Hoy al recordar los cuentos que me contó cuando era niño la salvé de las aguas, como el buque explorador que salva al Galeón bucanero que alberga en su interior cofres, vajillas, arcabuces, una sirena color de rosa esculpida en el bauprés y otros tesoros.

Autor: Alberto Zambade

Todos los derechos reservados Copyright 2007

17 de julio de 2007

La leyenda de El tigre del Espejo (origen China)

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo
De nuevo os traigo otra leyenda china. Este es un poco más larga y con un sentido como siempre, para no quebrar la tradición. Disfrútenla y luego me comentan ¿Qué les ha parecido?...

La leyenda de El tigre del Espejo.

Una leyenda china cuenta que hace muchísimos años, el mundo de los espejos y el de los humanos estaban comunicados. Cualquiera podía entrar y salir de un espejo de pared, de un espejito de mano y hasta de los pequeñísimos fragmentos de un espejo roto.
La gente de los espejos se parecía bastante a la gente humana, aunque eran más pálidos y brillaban en las noches de luna. Los animales del mundo de los espejos tenían un pelaje cristalino, plumas transparentes y ojos de un color plateado que centelleaba bajo la luz. El gran tigre era el más hermoso de estos animales, con sus rayas negras como la noche y blancas como la luna. Sus dientes relucían como cuchillos de plata cuando se deslizaba silencioso a través de un espejo para caminar por los larguísimos pasillos del palacio del Emperador Amarillo.
La vida de los dos mundos había transcurrido sin problemas hasta la noche en que el Emperador, desvelado, observó desde su lecho imperial el paso del tigre frente a la puerta de su recámara. Inmediatamente quiso tenerlo cautivo en su zoológico imperial y llamó a sus imperiales guardias para que lo apresaran. Éstos se acercaron medio muertos de miedo y provistos de una enorme red. Se ubicaron temblando a ambos lados del final del pasillo y lanzaron la red sobre el majestuoso animal.
El rugido del tigre prisionero hizo temblar las paredes del palacio, rompió los vidrios de los ventanales y, atravesando los espejos, llegó hasta los oídos de la gente del otro lado. Entonces, se declaró la guerra.
La gente de los espejos se armó con lanzas de plata y espadas de cristal para rescatar al tigre. Los soldados del Emperador se armaron con mazas de bronce y escudos de hierro para prevenir el ataque. Durante días y noches, los dos ejércitos aguardaron, tensos y sin dormir, el momento de la batalla. Mientras tanto, el tigre recorría una y otra vez su estrecha celda mordiendo los barrotes.
Por fin, una noche sin luna, la gente de los espejos cruzó el cristal que los separaba y arremetió, pálida y fantasmal, contra los soldados del Emperador. La sangre de los humanos corrió roja como el coral y la sangre de sus rivales corrió plateada como el mercurio. Una y otra vez ganaron y perdieron sendas batallas, con una tristísima pérdida de vidas en los dos bandos. Sin embargo, la guerra no terminaba de definirse y el pueblo del Imperio Amarillo empezaba a hartarse de ver morir a sus hijos por un capricho de su gobernante. Temeroso de perder su poder, el Emperador Amarillo llamó a su palacio a un hechicero famoso.
—¿Cómo puedo ganar esta guerra sin perder a mi tigre? —preguntó.
—El secreto es el azogue, mi señor —respondió el hechicero—. El azogue es la base de los espejos y, si bañáis en él al ejército enemigo, volverán adonde les corresponde.

El Emperador encargó a los sabios y alquimistas que prepararan incontables recipientes repletos de azogue y simuló una retirada de su ejército. Cuando la gente del espejo invadió la plaza imperial creyendo haber ganado la guerra, desde lo alto de las murallas recibió un baño líquido y plateado que, poco a poco, los fue disolviendo y devolviéndolos a su mundo. En algunas horas, la gente del espejo quedó prisionera detrás de los espejos de pared, de los espejos de mano y hasta de los pequeñísimos fragmentos de un espejo roto.
Pero allí no se detuvo la venganza del Emperador, sino que los condenó a repetir para siempre los gestos de los humanos. Por eso, desde ese momento, los espejos copian nuestras caras y nuestros gestos.
Sin embargo, la historia también dice que un día los seres humanos del espejo se despertarán de este sueño mágico, y que el primero en despertarse será un nuevo tigre. Entonces, los espejos no nos devolverán nuestra imagen sino otra diferente. Cada vez más diferente y cada vez más parecida al resplandor del tigre liberado.

(Leyendas de China)


Alberto Zambade
Todos los derechos reservados Copyright 2007

11 de julio de 2007

El valor de la verdad y la mentira

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo
--------------------------------------------------------------
Os dejo una nueva leyenda que versa sobre uno de los sacrificios más antiguos del viejo egipto y sus rituales ancestrales. El peso del corazón de una persona estaba muy valorado antiguamente puesto que con ello descubrían su valor y su pureza. Sé que os parecerá salvaje, pero seguro que a aquellas personas pocas mentiras les podríamos hacer pasar por verdad. Disfrútenla....
-------------------------------------------------------------
Leyenda Egipcia. Pesar el corazón.

El Juicio final se celebraba en la Sala de las dos verdades. En ella, Anubis pesaba el corazón del difunto para comprobar el peso causado por los pecados cometidos. Si era más ligero que la pluma de la verdad (pluma de Maat), la persona vivía eternamente. Si no, arrojaban el corazón al monstruo Ammit, "Devorador de muertos".

(Leyendas de Egipto)

Alberto Zambade
Todos los derechos reservados Copyright 2007

9 de julio de 2007

La leyenda del cielo y el infierno

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo
Sé que a muchos de ustedes nos les pillará de sorpresa las peculiares leyendas chinas y su contenido narrativo, pero por si me equivoco, me gustaría que la leyerais todos con mucha atención puesto que en ella se muestra la diferencia entre lo que ellos, la cultura china, creen que era el cielo y el infierno.
Cuando descubrí esta leyenda admito que me impresionó bastante. Es una leyenda muy antigua, quizás una de tantas leyendas que, al igual que otras, han ido sobreviviendo al paso del tiempo, corriendo de boca en boca. Todos sois conocedores de las maravillosas teorías filosóficas que se divulgan en China sobre el Universo y su creación. Dentro del marco de estudio de la filosofía , la filosofía China es la más antigua y se puede decir que de las primeras filosofías que se descubrieron en el mundo espiritual ( El Ying-Yang), siendo la base de la orientación del origen del mundo y sus civilizaciones. No os hago esperar más. Disfrútenla y luego la comentamos...

-------------------------------------------------------------------------

La leyenda del cielo y el infierno

En aquel tiempo, dice una antigua leyenda china, un discípulo preguntó al Maestro.

-¿Cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?

El Maestro le respondió.
-Es muy pequeña, sin embargo tiene grandes consecuencias. Ven, te mostraré el infierno.

Entraron en una habitación donde un grupo de personas estaba sentado alrededor de un gran recipiente con arroz. Todos estaban hambrientos y desesperados. Cada uno tenía una cuchara tomada fijamente desde su extremo, que llegaba hasta la olla. Pero cada cuchara tenía un mango tan largo que no podían llevársela a la boca. La desesperación y el sufrimiento eran terribles.

-Ven- dijo el Maestro, después de un rato-, ahora te mostraré el cielo.

Entraron en otra habitación, idéntica a la primera; con la olla de arroz, el grupo de gente, las mismas cucharas largas pero, allí, todos estaban felices y alimentados.

-No comprendo- dijo el discípulo. ¿Por qué están tan felices aquí, mientras son desgraciados en la otra habitación, si todo es lo mismo?

El Maestro sonrió.
-Ah... ¿No te has dado cuenta? Como las cucharas tienen los mangos largos, no permitiéndoles llevar la comida a su propia boca, aquí han aprendido a alimentarse unos a otros.
-------------------------------------------------------------------------------------
(Leyenda China)
Fuente Original: Leyenda China

Sin duda un claro ejemplo de que en todos los sitios existe la convivencia, salvo en el Infierno.

Alberto Zambade
Todos los derechos reservados Copyright 2007

1 de julio de 2007

La leyenda del Encantandor de las Cumbres

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo

** Al igual que se asegura que muchos exploradores del Polo Norte quedaron sobrecogidos por lo que llegaron a entrever entre los jirones incandescentes de luz cromada de la Aurora Boreal, puerta de una nueva dimensión, frontera de un mundo imaginario, intersección de un insondable plano de existencia, de la misma manera, hemos encontrado en antiguos manuscritos reveladores testimonios sobre la ubicación de un nexo con el mundo mágico muy cerca de donde hoy transcribimos lo que sigue.**

Así comienza esta una nueva leyenda que os presento a continuación. Es una típica leyenda de las tierras de España, mi tierra. Precisamente de Aragón. Su autor el escritor y compañero Chema Gutiérrez. Disfrútenla...
La Leyenda del Encantandor de las Cumbres
Fue Atland un personaje misterioso, ser de otro mundo que en su apariencia humana adoptaba la humilde figura de un barbado anciano. Para los primitivos habitantes pirenáicos que habitaron su tiempo, Atland, loco o mago, arrastraba su mísera existencia hundido en una pequeña cabaña construida con sus manos, más parecidas a raices leñosas que humanas, a base de piedra sin cantera y troncos enteros de abeto. "El Viejo de las Cumbres", le llamaban, y en los poblados de las montañas, el Viejo se convertía en protagonista de historias y chismes inventados por los lugareños con el fin de entretener la mente y hacer más breves los rigores del crudo invierno. Fue Atland en la imaginación de las gentes un soldado renegado de las guerrillas combatientes contra los invasores del Imperio Romano, que para alcanzar la vergonzosa libertad hubo de segar el cuello al cabecilla del grupo y huyó a esconderse a las faldas del ya entonces llamado Monte Perdido, sobre el que también se decía que era tal su lejanía debido a un extraño encantamiento que le permitía, a la montaña, cambiar de lugar entre las demás cimas de la cordillera. Por supuesto, Atland se ganó entonces la fama de Encantador de las Montañas. Verdad o no, lo cierto es que Atland, personaje que también ha llegado hasta nosotros con el nombre de Asland, escondía más de lo que enseñaba.

EL PALACIO MAGICO DE MONTE PERDIDO

Atland tenía una misión sobre la tierra: los dioses, su familia, le habían encomendado la construcción mediante las artes mágicas, de un lugar maravilloso que sirviera de morada-puente entre los hijos de la tierra y los hijos del misterio. El venerable encantandor, el más sabio de entre los primeros pobladores de las brumas que cubrieron las montañas en su génesis, se puso a trabajar con todas sus fuerzas. Reunió todos los elementos conocidos. Para empezar, los primordiales: aire, fuego, tierra y agua. Después, los esenciales: humo, viento, roca y lluvia. Por último, los espirituales: palabra, lágrima, pétalo y música. Hilos de luz de sol y de luna le sirvieron para tejer el hechizo. Por fin, tras muchos siglos de empeño, el Palacio estuvo construido.Sobre las nubes que permanecen eternamente cubriendo la cima del Monte llamado Perdido, en uno de los macizos montañosos más antiguos del planeta Tierra, se alza desde entonces un maravilloso palacio que sólo algunos elegidos con el don de la Segunda Vista han podido contemplar. Ninguna boca humana ha podido pronunciar las palabras que lo describirían, ni ninguna mano de artista ha podido trazar siquiera un bosquejo de su magnificencia. Aquellos que de el fastuoso prodigio han tenido conocimiento, hablan de el brillo del cristal más puro, magníficos jardines cuyos dibujos atrevidos han sido trazados por un mágico compás; más cercanos a nuestros días, hay quien ha vuelto insistir tratando de encontrar una certera descripción, sin conseguir sino un reflejo como el que percibe en su mente el ciego que conoce un cuadro con sus dedos: Maravillosas torres, resplandecientes almenas, radiantes frontispicios y relucientes columnas. Pero este celestial lugar tenía un fin. Debía acoger entre sus paredes sin cemento un hogar, una acogedora morada para que floreciera el amor entre las dos especies de seres más queridas de la Creación. Atland previó lo que sucedería de dejar el acceso abierto a la curiosidad del descubridor humano, y estableció que sólo a lomos de caballos alados o dragones pudiera penetrarse en el recinto, guardado por pétreas fieras y bestias que cobraban vida según los deseos expresado por Atland por medio de un cetro de oro, tatuado de legendarias runas. La profecía estaba escrita. Se grabó en el frontispicio de un viejo dolmen, hoy desconocido y vergonzosamente cubierto por un vertedero de los humanos.

LA MUERTE DE ATLAND

Fue el mismo Encantador de las Cumbres quien talló con golpes de palabras mágicas el texto de la profecía en la roca del dolmen, pero al parecer, brotaron lágrimas de sus ojos mientras lo hacía, y por eso hoy el dolmen se deshace bajo toneladas de escombros y deshechos. Lloraba Atland porque a veces, conocer hace sufrir, y él escribía en una piedra su propio final. Apiadados los dioses de la pena que embargaba el corazón del viejo, fiel cumplidor de sus divinos deseos, ordenaron a las tres Moiras que entretejieran una cruel venganza con los mismos hilos de la muerte y del asesino de Atland, y así quedó escrito en el Tapiz del Destino.
(Leyenda de Aragón - España de origen Élfico)
Alberto Zambade
Todos los derechos reservados Copyright 2007