25 de mayo de 2006

Miedos incontrolables

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mi blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo

Miedo al "Miedo"
Dado que para que un acto pueda ser realmente imputable es menester que su autor haya obrado con conocimiento y libertad, el miedo (como el error o la violencia) se opone a la validez e imputabilidad de los actos; pero no siempre de una manera absoluta, sino que en cada caso se determinará hasta qué punto el miedo a ofuscado la inteligencia y dominado la voluntad.

El miedo puede ser motivado por un peligro real o imaginario, puede atribuirse a una causa natural, o bien ser efecto de una intimidación o amenaza; puede ser grave o leve, presente o futuro.

De aquel horrible sentimiento o enfermedad, que a muchas personas les acosa a diario y en cualquier lugar, hoy os hablaré en el relato que os presento a continuación. Dicho relato, dice así:

“Luchar contra el miedo”

Tengo miedo.

Me asusta cuando empiezo a divisar la nube negra más allá del horizonte, cuando me enmaraño en hilos de negatividad, cuando me escondo en mis palabras y dejo de sentirme bien conmigo mismo.

Entonces me acuesto con él agarrado a mí y me tapo con mis sabanas fuertemente todo el cuerpo, para no dejarle ningún sitio a aquella nube negra que me persigue; y respiro profundo, tan profundo que logro sentirme dentro de mí; y, entonces, pienso; y busco miles de colores para pintar un cielo imaginario, unas fronteras que cierren el paso para siempre a aquella nube negra…

Vuelo con mi brocha, como Piter Pan, intentando construir un cielo repleto de maravillosos colores para espantar a las tinieblas. Entonces, intento pintar las nubes de colores, con colores llamativos, atrayentes y subjetivos. Las unto de amarillo para que me traigan luz y alegría; también de azul, para dar paz y tranquilidad a mis nervios; un poco de verde para que se llenen de esperanza siempre mis días; algo de morado para que me ayude a soñar y a descansar tranquilo y acabo untándolas con algo de rojo y naranja para que me den calor en las noches solitarias y frías… Y, al fin, he acabado este cielo que he construido a conciencia. Y acabo soñando que las malvadas nubes jamás podrán borrar tanto color en mi vida.

Y descanso por un momento y duermo como un recién nacido. La intimidación me ha abandonado por un instante. Me siento libre de ataduras incontrolables. Libre de toda presión o fuerza que oprimía mi alma y mi mente.

Entre este mundo de color me voy quedando dormido, y comienzo a soñar…
A soñar que sonrío, que descubro de nuevo la gran persona que soy, que sueño y que bromeo… en fin, sueño que soy feliz. Sueño que el cielo que pinté de mil colores ha borrado para siempre las nubes negras.

Pero despierto. Algo me ha desvelado de aquel maravilloso sueño. Entre el recuerdo de mi cielo y del que vuelvo a ver, me doy cuenta de que no he sido capaz de vencer a las malditas nubes negras, nada más que un rato. Y es cuando pienso y sé que, inconscientemente, al acercarse las nubes negras, yo soy el culpable de que estén presentes. Pues yo acelero su llegada.

Por eso me siento impotente, vacío, perdido… por no saberme llenar los días de sonrisas ni el cielo de mil colores.

Posted by El pequeño Dardo


Realmente, del miedo se han escrito y dicho muchas cosas. En la mitología se hablaba del miedo a la muerte y todo lo que envuelve a su contesto, se veía como algo místico y enigmático. Se hacía apología del terror. No quiero despedirme sin mostraros otra historia que me cautivó y espero que a ustedes también.

La historia de Caronte, El barquero de los infiernos.

Siempre me ha cautivado la Mitología Griega y dentro de la infinidad de personajes místicos e históricos, que han aportado tanta luz a la filosofía y a la historia del arte, me quedo sin duda con Caronte, el barquero de los infiernos. Su historia me llamó la atención cuando estuve estudiando filosofía trascendental o el camino a la vida después de la vida.

Dicen, según la Historia de la Mitología Clásica, que Caronte, el barquero de los infiernos, para entrar en su reino, que es el reino de los muertos, las almas debían de enfrentarse y atravesar el Aqueronte montadas en su barca. Él, se presenta, con aspecto de anciano, de barba blanca y de mal humor e inflexible con aquellas personas que no eran capaces de entregarle el óbolo requerido. En la tradición griega, Caronte no es un personaje perverso ni maligno, pero en cambio los etruscos daban el mismo nombre (bajo la forma de Charun) a un dios sanguinario y cruel que, por ciertos rasgos (nariz ganchuda, orejas puntiagudas, rostro gesticulante), prefigura la representación cristiana de los demonios. Este Caronte etrusco aparece en los campos de batalla destrozando a los combatientes, armado con una enorme maza; en los infiernos, maltrataba a los muertos.

Pero hay no termina la historia del barquero de las tinieblas, porque, quizás, lo más extraño de Caronte es su hábitat. Lo más significativo de todo lo que envuelve al personaje mitológico es que su universo místico, es el mismo universo que el nuestro. Caronte, por ser tan odiado por todos los habitantes de la tierra, fue desterrado de nuestro planeta y, en consecuencia, le destinaron un lugar donde poder cultivar a gusto todo su rencor hacia los seres humanos. Para ello le asignaron Plutón, un pequeño mundo helado, compuesto de hielo y rocas, con una atmósfera muy tenue que aún se desconoce su composición. Plutón, el díos de los infiernos, es el nombre del noveno planeta en astrología. Y es el adecuado para Caronte, porque es un astro que se encuentra en las tinieblas, en una región donde apenas llega la luz del Sol.

En la Mitología Romana, Plutón era también llamado (Hades) que es el hermano de Júpiter (Zeus) y Neptuno (Poseidón). Cuando estos tres dioses se repartieron el gobierno sobre el Universo, a Júpiter le correspondieron los cielos y la tierra; a Neptuno, los mares y a Plutón el inframundo, los infiernos.

Es sorprendente la Mitología y, ante todo, las leyendas y mitos que viajan por la red, pero en especial el legado que nos dejan los libros de texto y las historias que aprendimos cuando éramos unos canijos y queríamos saber más sobre todo lo que nos envolvía y nos asustaba.

Saludos.

Firma: Alberto Zambade Santiago
Estudiante de Sociología.

1 comentario:

El pequeño Dardo dijo...

Por favor, comentarios constructivos.

El Dardo