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4 de abril de 2014

Mitología: Leyendas de Perseo

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Saludos del Dardo
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Perseo y Atlas.

Cuenta la leyenda que cuando Perseo mató a la Gorgona, se llevó la cabeza consigo y partió volando lejos, hasta la tierra donde vivía el rey Atlas.
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Perseo voló en dirección a poniente, hasta posarse al fin en el reino de Atlante. Deseoso de un breve descanso, Atlante cuidaba, con la ayuda de un fornido dragón, un vergel lleno de frutos de oro. En vano le pidió hospitalidad el vencedor de la Gorgona; temiendo por sus áureos tesoros, el monarca le arrojó sin piedad de su palacio.
 
Indignado, Perseo le dijo:
 
—Ya que nada quieres concederme, siquiera acepta de mí un obsequio. —Y extrajo la cabeza de Medusa de su saco y desviando de ella la mirada, se la ofreció al rey Atlante.





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Al instante, éste, con su enorme corpulencia, quedó convertido en piedra, en una montaña; barba y cabellos se transformaron en bosques; los hombros, manos y huesos, en escarpadas rocas, mientras la cabeza se elevaba hasta las nubes, transformada en elevada cumbre.

 
 
Otra leyenda cuenta que...
 
Atlas era un hombre de tamaño descomunal. Su mayor orgullo era su jardín ya que sus árboles daban frutos de oro.
 
 
Perseo se presentó diciendo que venía de visita en calidad de huesped, pero Atlas , desconfiado, temiendo que quisiera robarle sus frutos dorados lo echó.
 
Atlas era un gigante y Perseo no se animaba a enfrentarlo. Entonces le ofreció como obsequio la caja que escondía la cabeza de la Gorgona.
 
Perseo abrió la caja mientras apartada sus ojos y levantó la cabeza de la Gorgona.
Al instante Atlas quedó convertido en piedra. Su cuerpo aumentó de tamaño hasta convertirse en una montaña.
 
Historia de la Mitología Griega.
 
Leyendas Mitológicas Griegas.
 
Autor: Alberto Zambade.
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                Saber más sobre Atlas ( Atlante) Rey
                Saber más sobre Gorgona (Medusa) y Perseo.
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Todos los derechos reservados al autor.

11 de febrero de 2008

La Leyenda de la guerra de Troya

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La Leyenda de la guerra de Troya

Localización geográfica de Troya

Troya estaba situada en la meseta baja de Frigia, en Asia Menor, en la costa oriental del Mar Egeo. A su alrededor había una llanura y a lo lejos se divisaba el mar azul, el helesponto. Actualmente, esta zona perteneciente a Turquía está cerrada al estrecho de los Dardanelos.
A la celebérrima ciudad de Troya se la conoce con diferentes nombres: el nombre de Troya, que es la denominación más común, deriva de Tros por uno de los primeros reyes de la ciudad. Otro nombre bastante frecuente es Ilión, en referencia a otro mítico rey, fundador del reino y de la estirpe de los troyanos. Su nombre Era Il.

Las causas de la guerra de Troya

La causa de la guerra de Troya fue por el rapto de Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta, por Paris, hijo de Príamo, rey de Troya. Helena era hija de Zeus, dios del cielo y de Leda, una bella mujer a la que había seducido Zeus convertido en cisne. Mucho antes de Paris, cuenta la leyenda que un oráculo había vaticinado que por su causa ocurriría un gran desastre para la ciudad de Troya. Pues, Paris se llevó a Helena a Troya mientras la desolación y la rabia se apoderaban de Menéalo, rey de Esparta

Muchos de los reyes y caudillos de Grecia se aliaron para adentrar esta afrenta y se concentraron en Áulide para zarpar hacia Troya, bajo el mando de Agamenón, el poderosos rey de Micenas y hermano de Menelao. Por fin todo estuvo a punto y los barcos zarparon hacia Troya para rescatar a Helena.

La gran guerra de Troya

Así comenzó la guerra más famosa de cuantas recuerda la humanidad. A lo largo de los diez años que duró el conflicto se sucedieron aventuras, incidentes y batallas, y hasta los dioses del Olimpo intervinieron en la guerra a favor de los griegos o los troyanos, según sus preferencias. Hera, Atenea y Poseidón dieron su apoyo a los griegos; Afrodita, Ares y Apolo apoyaron a los troyanos.

Hera: Diosa del matrimonio y el nacimiento
Atenea: Diosa griega de la sabiduría
Poseidón: Dios del mar
Afrodita: Diosa griega del amor y la belleza, la Venus de los romanos
Ares: Dios griego de la guerra
Apolo: Dios de la belleza y las artes.

Los héroes de la guerra de Troya

Entre los héroes más famosos del bando griego está Agamenón, rey de Micenas y caudillo de todas las tropas griegas. Además de Menelao, el marido burlado, rey de Esparta, también participó Aquiles, el más valeroso de los guerreros griegos, con su escudero Patroclo, al frente de los Mirmidones. También destacaron el gigantesco Áyax, Néstor, el rey de Pilos y el astuto Ulises, rey de Ítaca.
En el bando troyano además de Paris estaba Príamo, el rey de Troya y su hijo Héctor, el caudillo de todas las tropas troyanas. Deífobo, uno de los hijos de Príamo, también tuvo una destacada actuación. A ellos hay que unir Eneas, un príncipe troyano reservado para un gran destino, hijo del troyano Anquises y de la diosa Venus. Entre los aliados de los troyanos se encontraba Pentesilea, la reina de las Amazonas

La cólera de Aquiles

La guerra se prolongó diez años con diferentes alternativas. Las murallas de Troya, inexpugnables por haber sido construidas por Poseidón, resistían al asedio y los troyanos alguna vez llevaron el peligro al campamento griego. En el décimo año de la guerra, el dios Apolo envió una terrible epidemia al campamento griego porque Agamenón se había quedado como botín de guerra con Criseida, hija de un sacerdote del Dios. Agamenón se vio obligado a devolverla pero a cambio exigió que Aquiles le cediera a su esclava Briseida, Aquiles no tuvo más remedio que entregársela y encolerizado se retiró del combate después de un duro enfrentamiento con Agamenón

Las amenazas de Aquiles se cumplieron y los troyanos cobraron nuevo valor y contraatacaron arrinconando a los griegos junto a sus naves. En el campamento griego, Patroclo suplicó a su amigo que regresara al combate. Aquiles no depuso su actitud, y al final Patroclo le convenció para que él dejara ir a él, lo hizo revestido con la misma armadura de Aquiles sin que este se enterara.
Al día siguiente los troyanos creyeron ver aterrados cómo Aquiles participaba en la batalla y los acorralaba junto a las murallas de Troya. En medio del combate Patroclo se vio cara a cara con Héctor, el gran Héctor, capitán del ejército troyano. Lucharon durante horas hasta que en un golpe de surte Héctor logra quitarle la espada al supuesto Aquiles, momento en el cual Héctor se abalanzó hacia él y le mató con su espada, degollándole el cuello. Es entonces, cuando Héctor reconoce que a quien a matado es a Patroclo, el primo de Aquiles, ya que Patroclo cuando calló muerto contra el suelo en el golpe perdió su yelmo y su casco.

La muerte de Héctor

Cuando la noticia de la muerte de Patroclo llegó al campamento griego, Aquiles rompió a llorar y después de hacer las paces con Agamenón decidió volver al combate para vengar a su primo, no sin antes ofrecer unos magníficos funerales en su honor.
De nuevo los troyanos descubrieron con horror que Aquiles sembraba la muerte. Sólo ante las murallas de Troya gritó con cólera el nombre de Héctor 100 veces. Sólo quería a Héctor. Y quedando fuera de las murallas ambos guerreros, Aquiles se enfrentó sólo al héroe Héctor en un terrible duelo.
Después de pelear horas como un valiente Héctor sucumbió a manos de Aquiles. La cólera de Aquiles venció a Héctor, dándole una muerte digna de obtener la gloria de los dioses. Aquiles le clavó la pica en la garganta a Héctor, ya que era el único punto que tenía al descubierto.
Aquiles ultrajó el caballo de Héctor durante 3 días mientras la desolación cundía en la ciudad de Troya. Al cuarto día Príamo fue al campamento griego y le rogó a Aquiles que le entregara el cadáver de su hijo. Éste accedió a ello a cambio de su peso en oro. Los troyanos aportaron todo el oro que pudieron pero llegó a ser insuficiente. Políxema, una hermana de Héctor, arrojó desde la muralla un pesado collar de oro que tenía y la balanza se inclinó. Y es por este motivo por el que por fin los troyanos pudieron recuperar el cadáver de su caudillo para rendirle honras fúnebres.

La muerte de Aquiles

Aquiles conmovido por la generosidad de Políxema, se enamoró de ella y decidió pedir su mano a Príamo. Cuando se dirigía a la entrevista para discutir las condiciones de boda, Paris, emboscado y ayudado por Apolo, le disparó una flecha envenenada que le alcanzó en su único punto vulnerable, el talón, y lo mató.

La caída de Troya. El caballo de madera

Según un oráculo de Troya sería inexpugnable mientras los griegos no consiguieran las armas de Hércules y el paladio, una estatua de Atenea que se guardaba en la ciudad de Troya. Ulises consiguió ambas cosas.
Pero la idea más brillante de Ulises fue la construcción de un enorme caballo de madera con la ayuda de Atenea. Según nos cuenta magistralmente el poeta latino Virgilio en su obra la Eneida, en su interior ocultaron a la flor y nata del ejército griego y lo abandonaron en la playa, mientras los demás simulaban la retirada y el fin del asedio. A pesar de las advertencias de la clarividente Casandra, hija de Príamo, castigada a profetizar el futuro sin que nadie la creyera, los troyanos engañados por un espía griego llamado Sinón, decide introducir el caballo en la ciudad
Completamente desprevenidos, los troyanos pelearon su última batalla. Aquella noche Troya fue saqueada, incendiada y destruida y muchos troyanos perdieron la vida. El cruel destino se había cumplido finalmente. Helena volvió a Grecia otra vez.

La suerte de los vencedores y la desgracia de los vencidos

Después de haber conquistado Troya, los griegos supervivientes emprendieron el viaje de regreso a su patria. Después de un azaroso retorno muchos se encontraron que la situación había cambiado y que otros ocupaban su lugar. Agamenón murió asesinado al regresar a Micenas y Ulises anduvo errante muchos años por el Mar Mediterráneo antes de volver a su añorada Ítaca. Mientras tanto su fiel esposa Penélope era asediada por unos pretendientes que querían apoderarse del castillo y del lecho de su marido. De vuelta al hogar Ulises se disfraza de mendigo y con la ayuda de su hijo Telémaco dio muerte a los pretendientes de su esposa, a la que narró sus aventuras. Pocos troyanos sobrevivieron a aquella funesta noche. El rey de Troya, Príamo y mucho de sus hijos y príncipes troyanos sucumbieron a manos de los invasores, mientras las mujeres troyanas fueron repartidas como botín de guerra entre los vencedores. Entre los escasos supervivientes se encontraba Eneas, el hijo de Afrodita, que huyó de la ciudad en llamas con su hijo Ascanio, su padre Anquises y un puñado de fieles troyanos con el mandato divino de fundar allende los mares una nueva Troya. Esta no es ni la mejor leyenda de Troya ni la que prevalece sobre el resto, sino simplemente un breve legado de la gran historia de la guerra de Troya y sus recuerdos aún imborrables en la mente de la antigua Roma.
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(Leyenda Griega y Mitológica)
Alberto Zambade
Todos los derechos reservados Copyright 2007

5 de febrero de 2008

La leyenda de las Valkirias

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A mi vuelta por estos lares, os dejo este post tan mágico...

Qué lo disfruten... Gracias por seguir todos y todas, tan cerca de mi rincón.
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La leyenda de las Valkirias

Las Valquirias eran mujeres sobrenaturales que tenían varias misiones. Vivían con Odín, en el palacio dorado de Valhalla, donde servían cerveza a las sombras de los guerreros muertos. También entraban en la batalla sobres sus caballos, con armaduras y con lanzas, y asignaban la victoria y la derrota - "valquiria" significa literamente "la que elige a los caídos" - Dos Valquirias, Gunn y Rota, elegían a los hombres para la muerte, acompañadas por Skuld (necesidad), la más jóven de las Nornas, una de las Tres Parcas que conforman las vidas de los hombres.


Las Valkirias pudieron haber tenido relaciones especiales con los guerreros llamados berserkir quienes inspirados por la furia de Odín en las batallas, se despojaban de sus armaduras para luchar con una fuerza sobrenatural. Ciertamente, los berserkir, tenían muchas probabilidades de morir en la batalla y por lo tanto ganarse un lugar en el Valhalla, donde pasaban el tiempo luchando y bebiendo.

El Valhalla se representaba como un enorme palacio dorado, con techo de escudos, una estructura de lanzas y 540 puertas, por cada una de las cuales, podían desfilar en columnas hacia la batalla final de Ragnork.

Fabuloso final el que en ellas se determinaba, pues sólo los grandes tenían la honra de poseer como mujer a la reinas de la guerra, las Valkirias sagradas.

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(Leyenda Griega)

Alberto Zambade
Todos los derechos reservados Copyright 2007

15 de junio de 2007

La Leyenda de los Faunos

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Hoy os hablaré de los Faunos. Son todo un mito que al igual que la Leyenda del Fénix estos también han sobrevivido al paso del tiempo.

Disfruten de la leyenda...

La Leyenda de los Faunos

Los Faunos (en latín., fauni) eran, entre la gente latina, unas divinidades menores campestres que vivían en los bosques y protegían a los rebaños. Se les suponía buenos de corazón (de hecho su nombre se crea del verbo fauere, que significa favorecer), pero el hecho de verlos provocaba la muerte. Según la Leyenda y el Mito más generalizado, se les consideraba producto de la “multiplicación” de un dios más antiguo llamado Fauno (en latín., Faunus), análogo al dios Pan de los arcadios, y que como este era el protector de rebaños y pastores. Por otra parte se veía en él al introductor de emigrantes arcadios en el Lacio, atribución que implica ya una cierta “historización” de la figura mítica, cuyo carácter divino se irá difuminando con el tiempo hasta pasar a ser considerado como el primer rey del Lacio. Sería entonces cuando, en cierto modo, habría “estallado”, dando lugar a una multitud de pequeños dioses que llevan su mismo nombre. Según la lengua de la época decir a alguien que era Faunesco era porque aquel hombre o mujer presentaban rasgos claramente animalescos o su comportamiento era muy salvaje como los Faunos. En la actualidad no existen. Pero hay otros personajes que para la gente antigua siguen considerándose Faunos, aunque a veces se les llame con otro nombre. Los ermitaños de los montes son los Faunos de antaño, con la diferencia de que estos no matan, sólo pueden provocan mala suerte con su mirada. Aunque en el rincón del Pequeño Dardo se permite imaginar todo. ¿Quién me dice que ya no hay Faunos que cuidan los bosques y las praderas si nadie les ha logrado ver? Seguro que aún siguen ahí…La imaginación no entiende de límites y barreras.

Soñar con cosas mágicas e increíbles es un placer que conservo desde niño…
Hasta pronto lectores, buen fin de semana...


Alberto Zambade
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12 de junio de 2007

La leyenda del Fénix

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Hoy os traigo la leyenda del Fénix. Es una leyenda muy antigua pero que se ha sabido mantener en el tiempo. Aún en la actualidad sigue vigente en muchas partes del mundo.

Disfrutenla...

La leyenda del Fénix.

El Fénix (del griego Phoenix “rojo” color púrpura descubierto por los fenicios), era un ave fabulosa de los desiertos de Libia y Etiopía, del tamaño de un águila, que vivía varios siglo. Cuenta la leyenda que esta ave era única en su especie y sólo podía reproducirse renaciendo de sus cenizas después de inmolarse a sí misma.

Este Mito fue muy popular en la época Paleocristiana, que hizo de él un símbolo claro y representativo de la resurrección en cuanto que el ave Fénix transforma su muerte en un renacimiento, en una nueva vida.

Se la representaba siempre de frente, con la cabeza vuelta hacia la derecha, de pie ante su pira simbolizando el gesto de poder y nueva vida.

Según cuenta Herodoto en su segundo tomo, Metamorfosis, XV, 322 ss, El ave Fénix tuvo una gran posteridad literaria. En la edad media simbolizaba la resurrección de Cristo, perspectiva desde la cual cada alma salvada sería a su vez un Fénix. Montaigne, compara al mítico animal con el gusano de seda (Ensayos, 1580), intentando de este modo desposeerle de cualquier atributo mágico, tal vez para contrarrestar la creencia, entonces bastante extendida, de que el ave existía realmente. Es frecuente que aparezca en los tratados alquímicos y mágicos de los siglos XVI y XVII como imagen de la unión de los contrarios. La mayoría de las veces, en cualquier caso, se trata de alusiones de carácter simbólico, como en los Estados o Imperios del Sol, de Cyrano de Bergerac (1661), o en El Fénix renaciendo de sus cenizas, del poeta húngaro Istvan (1663).

Paralelamente la figura del Fénix ira adquiriendo una significación amorosa, incluso específicamente erótica, en la medida en que evoca el eterno renacer del deseo y el fuego de la pasión. Así aparece en el Cancionero de Tetrarca (siglo XIV), en toda la poesía amorosa del Renacimiento o en autores más recientes.

El Fénix es también visto ahora como la personificación divina de la palabra y es, a su vez, la muerte que da sentido a la vida eterna. Un Mito y una Leyenda, que ha sabido traspasar los escabrosos umbrales del tiempo y aún sigue renaciendo de sus con la misma fuerza que antaño de sus cenizas.

Alberto Zambade
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