27 de septiembre de 2007

La leyenda de Oisin

Hola Lectores:

Si queréis publicar algo en mí blog para que lo vean los demás, enviármelo al e-mail: alberto.zambade@hotmail.com y en breve será publicado.

Saludos del Dardo
-----------------------------------------------
Hoy os traigo una leyenda muy especial, que espero que os guste... Y digo que la leyenda es muy especial, porque me llegó directamente de la mano de una de mis lectoras, de Virginia Izquierdo, es una gran compañera que vive enamorada de las buenas leyendas.

Por favor, disfrútenla tanto como la disfruté yo en su momento...
-----------------------------------------------
Hola Alberto:
Te envió la leyenda irlandesa de Oisin. Es muy especial para mí, pues así se llama el hijo de mi pareja.

Espero que te guste.

La Leyenda de Oisin
Un día, vigilando la costa cercana a Kerry, el héroe irlandés Fionn y sus soldados, los Fianna, vieron salir del mar a una bellísima mujer de cabellos dorados. Aquella hermosa mujer se detuvo frente a Fionn y le contó que estaba enamorada de un hombre de Irlanda, que quería casarse con él y tenía necesidad de llevárselo a Tír na nÓg, la tierra de la eterna juventud...
Por un breve instante, Fionn y la extraña mujer se miraron a los ojos y volviéndose despacio hechó una mirada tierna seguida de una sonrisa a Oisín, el hijo de Fionn. Oisín se montó entonces en el corcel blanco de la bella Niamh y partieron ambos a Tír na nÓg. El viaje fue largo. Cabalgaron durante días sin demora. Cuando llegaron a la tierra de la eterna juventud fueron recibidos con una calurosa bienvenida de manos del mismísimo Manannán mac Lir, el dueño y señor de aquellas tierras mágicas, y padre de Niamh. Pero cuando parecía que toda esta historia daba la impresión de acabar felizmente, todo dio una vuelta de tuerca en sus vidas...

Oisín, con el paso del tiempo, añoraba muchísimo a Irlanda, a su padre y a sus compañeros; le pidió a su esposa un único favor después de tantos años al cuidado de su amor. Le dijo que necesitaba que le prestara el corcel blanco con el que llegó hasta la tierra de la eterna juventud, para así poder volver a visitar su tierra natal y reencontrarse con sus seres queridos después de tanta ausencia. Ella le rogó encarecidamente que no se marchase, pero al final accedió con una condición diciéndole: "Cariño, podrás volver a ver a tus seres queridos pero deberás hacerlo siempre que permanezcas constantemente montado encima de tu caballo y no toques el suelo, sólo así podrás visitar cuantas veces quieras la tierra donde naciste para luego volver junto a mí." Y así Oisín se marchó de vuelta a su patria a través del Océano.

Al llegar a Irlanda Oisín notó que todo había cambiado, que todos los lugares donde solía estar su padre algunos habían desaparecido y otros estaban deshabitados por completo, el tiempo había seguido su curso inquebrantable, su mordaz paso había hecho desaparecer sus recuerdos más íntimos. Pues su tierra y su infancia estaban ahora deshabitadas; y el breve tiempo que estuvo allí no logró ver a ninguno de los Fianna por ninguna parte. Únicamente a hombres normales y corrientes. "¿Qué habrá sucedido?" Se preguntaba. Entonces se acercó lentamente a uno de los hombres del lugar y les formuló la misma inquietud que se preguntaba él, y ellos le respodieron: "¿Los Fianna? ¿Fionn mac Cumhail? Nunca hubo nadie llamado así, antiguamente se solían contar historias acerca de los Fianna, una raza de gigantes que se comían a la gente, pero ya nadie las cuenta, ni nadie sabe de ellos. Nadie los a visto nunca".

Oisín se dio cuenta de que habían pasado más de 300 años desde su partida, mientras que él había pensado que habían sido únicamente 3 años de su vida. Les contó, pues, a los hombres la verdadera historia de los Fianna. Les habló de cómo vivían, de sus artes en la caza, de su gran fuerza y tras ello pensó en regresar de nuevo a Tír na nÓg. Pero antes de partir un hombre le dijo que probase la historia de los Fianna y su tremenda fuerza, levantando una gran roca con una sola mano. Oisín, sin pensarlo, lo hizo, pero mientras levantaba la roca, se desprendió la silla de montar su corcel cayendo al suelo estrepitosamente. En aquel momento los 300 años que habían pasado cayeron sobre él convirtiéndole en un anciano débil que yacía tumbado sin remedio, dando muestra de que la historia de los Fianna era tan cierta como el paso del tiempo.

(Leyendas Irlandesas)

Autora: Virginia Izquierdo
-------------------------------------------------------
Alberto Zambade
Todos los Derechos Reservados Copyright 2007

6 comentarios:

Virginia dijo...

Gracias mil Alberto, por la carga sentimental que lleva implícita para mí esta leyenda... un fuerte abrazo.

Jenipher dijo...

Alberto...

lamento venir con tan poco tiempo, prometo volver para leer completa la historia, porque ahora sólo quise venir a dejarte mis cariños de chocolate!


suerte en todo...

Azul dijo...

Me ha gustado mucho la sensibilidad de la historia, y el momento que me llevo como algo personal en el que me hizo pensar en algo...

Bikos.

mar dijo...

Que bonita leyenda..como me gustan estos mundos..gracias por hacermelos descubrir.
Un besito.Mar

Darilea dijo...

Me encanta el mundo de las fábulas y las leyendas, es como habitar por unos momentos en un mundo singular.
Un beso y placer llegar hasta ti.

GORE dijo...

Todas las leyendas dejan su enseñanza y expresan la forma de ser y el sentir de los pueblos. Y no olvidemos que Irlanda, en ese sentido, se parece mucho a España, o España se parece mucho a Irlanda.
Ha sido un placer leer esta historia. Saludos